Vaya metida de pata la de la diputada local Xóchitl Contreras. Durante la rueda de prensa convocada por el Comité Directivo Municipal del PAN se le hizo fácil lanzarle un machetazo a caballo de espadas.
Con una ligereza sorprendente generalizó al afirmar que muchos medios de internet son pasquines y que varios reporteros y periodistas viven del chayote. Una declaración tan desafortunada como innecesaria, porque nadie la pregunto.
Las Lenguas Viperinas le conceden una ligera razón. En el ecosistema informativo existen medios con simpatías políticas evidentes y periodistas que dejan ver sus preferencias. Esa realidad forma parte de la vida pública. El problema aparece cuando alguien pretende meter a todos en el mismo costal y repartir etiquetas desde un micrófono.
La escena resulta todavía más curiosa por el lugar donde ocurrió. Hablar mal de los medios durante una rueda de prensa equivale insultar al cocinero. Pocas estrategias ofrecen semejante nivel de torpeza política.
Pero la diputada por soberbia o simple insensatez metió la pata hasta el fondo, alguien quizá de mala sangre le dijo que era buena idea.
Prácticamente les exigió a los reporteros que contaran la historia como ella considera correcto, como si fuera propietaria de la verdad absoluta y también de las líneas editoriales de cada medio. Oh rayos, como cuando un loco pidiera a tofos ver elefantes rosas.
Los periodistas acuden a las conferencias para informar, preguntar y contrastar versiones, jamás para convertirse en oficina de comunicación social de quien se siente dueño de la verdad y de los espacios que les están regaando.
La respuesta fue inclemente. Varios reporteros expresaron sentirse agraviados por las descalificaciones y aprovecharon para señalar otro detalle que terminó por incomodar todavía más a la legisladora: la conferencia ofrecía muy poco de novedoso.
Los argumentos presentados prácticamente repetían lo expuesto apenas un día antes, situación que provocó un intercambio cada vez más ríspido.
Fue entonces cuando Xóchitl Contreras intentó sostener su postura argumentando que existen portales favorecidos con contratos de publicidad institucional. Incluso mencionó el caso de Chupa TV y el convenio publicitario cercano a los siete millones de pesos otorgado por el Ayuntamiento de Ciudad Juárez durante un periodo de doce meses.
El dato, en caso de resultar preciso, abre un debate sobre el ejercicio del gasto público, aunque de ninguna manera alcanza para convertir a todo un gremio en pasquines o chayoteros.
Una cosa consiste en cuestionar la asignación de recursos públicos a un medio de comunicación. Otra muy distinta es colocar la misma etiqueta sobre decenas de periodistas que diariamente salen a cubrir calles, sesiones de Cabildo, Congreso, tribunales, accidentes, temas de seguridad y conferencias de prensa. La credibilidad se construye frente a la audiencia, jamás desde una curul.
Paradójicamente, los medios siguen regalándole al PAN algo muy valioso: atención. Cada rueda de prensa recibe cobertura pese a ejercicios repetitivos, con escasa información novedosa, organización improvisada y un tono permanentemente confrontativo. Aun así, cámaras, micrófonos y libretas aparecen puntualmente. Ese gesto merece respeto.
Resulta especialmente delicado que una legisladora quiera decidir quién merece el título de periodista y quién carga la etiqueta de pasquín. Esa facultad pertenece a la ciudadanía, que todos los días decide a quién leer, escuchar o seguir. La opinión pública termina colocando a cada quien en su lugar.
Hasta mañana.







