El fantasma de la confrontación vuelve a asomarse en la región centro-sur de Chihuahua y, con él, también regresan viejos recuerdos que algunos actores políticos seguramente preferirían mantener bien guardados en el cajón.
El alcalde de Delicias, Mario Mata Carrasco, encendió las señales de alerta al advertir que desde la Federación se estaría esperando el momento para volver a abrir las cortinas de las presas de Chihuahua y entregar a Estados Unidos más de 300 millones de metros cúbicos de agua, en cumplimiento de los compromisos internacionales de México.
El asunto no es menor y tampoco es nuevo.
Hay que recordar que el conflicto por el agua fue uno de los episodios que más peso tuvo en la carrera política de Juan Carlos Loera, hoy aspirante a la candidatura de Morena por la Presidencia Municipal de Ciudad Juárez.
Aquella crisis lo colocó en el centro de una tormenta política que terminó enfrentando a productores agrícolas con autoridades federales, particularmente con elementos de la Conagua y la Guardia Nacional.
El conflicto llegó a tal grado que hubo enfrentamientos físicos, quema de instalaciones y vehículos federales y hasta la muerte de una mujer a quien le dispararon al evadir un retén federal.
Loera ha hecho hasta lo imposible por desligarse de aquella responsabilidad política y sacudirse el costo que le dejó el conflicto. Cosa que no ha logrado, porque en cuanto abran las compuertas se dará cuenta que cenizas no eran los recuerdos, sino brasas ardientes.
En cuando Chihuahua vuelva a sentir que le están sacando el agua de las venas para cumplir compromisos con el vecino del norte, seguramente por medio de las redes sociales y campañas le habrán de recordar a más de uno quién estaba dónde, qué dijo y qué hizo en aquella crisis.
Para los habitantes de Ciudad Juárez el conflicto de las presas puede parecer lejano. Pero las redes sociales no conocen distancias. Un video de aquellos enfrentamientos, una fotografía de las protestas o una declaración de hace algunos años puede recorrer Chihuahua entero en cuestión de minutos.
Así que, si el escenario vuelve a calentarse, tendrá que preparar desde su estrategia de defensa mediática.
Y hablando de estrategias, quizá también sería conveniente que Loera dejase de gastar tanta pólvora en el tiroteo interno contra Cruz Pérez Cuéllar.
Porque para nadie es un secreto que son sus agoreros quienes se han desgañitado acusando al alcalde juarense con licencia de ser un camaleón político, de no representar los auténticos dogmas de la izquierda y hasta de que “la 4T no ha llegado a Ciudad Juárez”.
Claro, cada quien sus prioridades.
Si el objetivo es ganar una elección, las fichas en el tablero tienen que estar bien valuadas, para no regalar espacios donde no existe peso. La marca MORENA hasta ahora es la que manda, los actores pasan a segundo término.
Y ahí debemos atender el fenómeno de Andrea Chávez, quien presume ser la mujer más votada de la historia, adjudicándose un peso que sólo le dio la marca.
Por ende, Chávez tiene frente a sí un reto política que requiere sumar, no cargar lastres. Por eso, quizá le vendría bien comenzar a marcar cierta distancia de algunas figuras que, lejos de fortalecer sus aspiraciones, podrían terminar convirtiéndose en una especie de equipaje incómodo.
Uno de ellos es precisamente Juan Carlos Loera, cuyo perfil difícilmente parece aportar demasiado a MORENA, que necesita presentar caras frescas y competitivas para una elección que no será precisamente un día de campo.
Y el otro es Javier Corral, quien por cierto fue gobernador cuando se dio el famoso saqueo de nuestros embalses fréaticos y lo apuntaló aún contra los intereses del sector productivo chihuahuense.
El exgobernador parece conservar algunos adeptos y, dicen los que saben, también algunas cuentas pendientes dentro del Partido Acción Nacional. Pero fuera de aquellas estructuras azules, habría que preguntarse qué tan sólida es realmente la estructura política que logró construir durante sus años en el poder.







