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🐍 LA COLUMNA/Tan cerca del chuco y tan lejos del primer mundo

Juárez es una ciudad de contrastes, donde puedes encontrar zonas perfectamente bien planeadas y construidas y otras caóticas, sin pies ni cabeza en su desarrollo urbano, con calles terriblemente dañadas y donde las autoridades no saben qué hacer y al parecer no se preocupan mucho de ello. Existen porque existen y eso no va a cambiar.

Las lluvias aunque han sido moderadas, exacerban precisamente en esas zonas dejadas de la mano de Dios, el problema de los baches y las brigadas del Ayuntamiento no se dan abasto porque los hoyancos se producen a mayor velocidad de la que pueden repararlos.

A este escenario se suma el deterioro natural de sectores sometidos diariamente al paso de vehículos pesados, los hundimientos provocados por el colapso del drenaje y las obras realizadas recientemente por la JMAS. El resultado es que Juárez enfrenta una de sus etapas más complicadas en materia de movilidad de los últimos años.

Basta salir a las calles para encontrarse con este deterioro, baches chicos y grandotes, superficies viales que parecen auténticos lavaderos, desniveles que generan preocupación y puntos donde cualquier automovilista debe reducir la velocidad para evitar daños.

La ciudad exige una atención permanente y, sobre todo, una capacidad de respuesta que permita atender el problema antes de que cada desperfecto termine convertido en demandas por daños en los vehículos.

El reto para la administración de Héctor Ortiz Orpinel es monumental. El calendario avanza sin tregua, el segundo semestre ya está en marcha y los juarenses esperan que el trabajo cotidiano comience a reflejarse con mayor claridad en las calles.

Y si, mucho se ha dicho que se reparan cientos de baches todos los días, pero es claro que no es suficiente.

La conciencia oficial debe entender que la movilidad forma parte de esas necesidades que se sienten directamente desde el volante, desde el asiento del camión y hasta desde la banqueta.

Y hablando de banquetas, ahí aparece otra asignatura pendiente. Amplios sectores carecen de recorridos peatonales continuos y seguros, mientras puentes, cruces y espacios adecuados para caminar aparecen como piezas aisladas dentro de una ciudad diseñada principalmente alrededor del automóvil.

Para quien pretende trasladarse a pie, cada trayecto puede convertirse en una verdadera causa con riesgo total.

Para quienes utilizan bicicleta, el panorama resulta todavía más complicado. La escasa cultura vial para compartir las calles con este tipo de movilidad, combinada con la limitada infraestructura ciclista, convierte cada recorrido en una aventura con peligro hasta de muerte.

Una ciudad fronteriza que aspira a modernizarse requiere alternativas de movilidad que permitan desplazarse con seguridad y dignidad.

Y luego está el transporte público. Las rutas alimentadoras todavía requieren mayor articulación con la ruta troncal del JuárezBus, mientras amplios sectores de la ciudad mantienen una cobertura insuficiente. Las esperas en los parabuses pueden convertirse en largos periodos de incertidumbre para quienes dependen diariamente del transporte colectivo.

La duda que se tiene es cuánto tiempo más puede sostenerse una ciudad donde cada forma de movilidad enfrenta un desafío. Automovilistas sorteando baches, peatones buscando banquetas, ciclistas compartiendo espacios reducidos y usuarios del transporte esperando una ruta que llegue a tiempo.

Pobres juarenses. Tan cerca del Chuco y tan lejos del primer mundo.

Hasta mañana.

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