Todos conocen una frase publicitaria que se hizo famosa hace algunos años por parte del sistema bancario mexicano: Hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás existe MasterCard.
Pobre niño rico. Andy, siendo ahora un potentado, un rico sin linaje y literalmente intocable por el sistema de justicia mexicano, sintió en carne propia que hay cosas que -efectivamente- el dinero no puede comprar.
Resulta que al Gobierno de Estados Unidos se le ocurrió ejercer una de sus facultades más elementales como país soberano: decidir quién entra y quién no entra a su territorio. Así de sencillo. Y Andy no es bienvenido.
Que interesante -e hilarante, un poco- es ver a los defensores de la soberanía nacional enojarse por una acción soberana de otro país. Algo así como hágase la ley pero en los bueyes de mi compadre.
Fue el mismo Andy quien hizo pública una carta donde reclama al presidente Donald Trump la decisión de suspenderle su visa y acusa de ello a dos secretarios de Estado, a los que recomienda despedir por la afrenta recibida y que -según él- tiene como sustento un bochornoso tema político.
Que osadía, defender la soberanía propia y tratar de vulnerar la ajena, pero esto no es de extrañar, pues de todos es conocido las limitadas capacidades de Andy, a quien no le gusta que le digan Andy.
Porque una cosa es expresar inconformidad por una decisión diplomática y otra muy distinta es dirigirse al presidente de Estados Unidos prácticamente para pedirle explicaciones, exigirle revisar la medida y hasta sugerirle que retire de su equipo a quienes participaron en ella.
Si alguien debería despedir personal es el mismo Andy, si es que algún asesor le sugirió hacer lo que hizo: ¿de verdad alguien pensó que el presidente de Estados Unidos iba a recibir la misiva con una sonrisa y decir: “Tiene razón, Andy; déjeme corregirlo”?
Porque una visa, como se ha explicado desde la propia representación consular estadounidense, constituye un permiso o privilegio para ingresar, sujeto a las leyes y decisiones de ese país.
Luego viene la andanada de morenistas, que decidieron convertirlo en un argumento para seguir diciendo que se trata de un intento de injerencia de la soberanía nacional.
Hasta la presidenta Claudia Sheinbaum, junto con una parte importante de la estructura de MORENA en México, salieron al quite para respaldar a Andy y recordar que en México manda el pueblo.
Pero ¿Quién es el pueblo? Porque últimamente esa palabra sirve para todo.
Cuando gana Morena, es el pueblo, pero cuando pierde -como en Sinaloa- se comete fraude y ahí ya no aparece el pueblo.
Cuando la presidente toma una decisión, es por el pueblo. Cuando esa decisión es errónea, entonces ya no es el pueblo sino la derecha que metió las manos, pero ya no es el pueblo.
Cuando un adversario cuestiona al Gobierno, deja de ser pueblo y se convierte en otra cosa.
Habría que tener la suficiente inteligencia para decir que solo se utiliza el concepto de pueblo para hacer lo que les da la gana y el tema de la soberanía como respaldo de la fuerza del Estado para mantener un halo de impunidad sobre los propios y subyugar a los demás.
Hasta mañana.







