La ceguera de taller aparece cuando alguien pasa tanto tiempo dentro de una misma dinámica que termina confundiendo su visión con la realidad. Políticos, empresarios, periodistas, académicos o gobernantes pueden caer en ella.
La atención se enfoca de tal manera en defender una postura o alcanzar un objetivo que otros datos, otras opiniones y hasta hechos evidentes quedan fuera del campo visual. Por eso conviene escuchar a quienes observan desde otra perspectiva; con frecuencia son ellos quienes ayudan a distinguir entre lo que uno quiere ver y lo que realmente está ocurriendo.
Esto viene a colación del debate que existe en torno a una declaración que ayer emitió Carlos Ortiz, representante del Gobierno del Estado en Juárez, en torno a que fueron 1,500 camiones los que movilizaron a militantes y simpatizantes de la 4ª Transformación para el evento del Informe de la Presidente Claudia Sheinbaum en la Plaza de la Mexicanidad, en la cual el experto en temas urbanos y de arquitectura Jesús David Fierro emite dos opiniones interesantes.
Y nadie niega que haya habido acarreos, que hubo una mala organización e incluso trato inhumano para miles de personas que fueron colocadas (Por su voluntad, hay que dejarlo claro) en la gran plancha de concreto algunos desde las 6:30 de la mañana hasta casi las 12 del mediodía, ante un sol inclemente y solo protegidos por las ligeras telas de sombrillas que les obsequiaron
El evento, impulsado por operadores políticos cercanos al alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, reunió eso si quizá a 20, 30, 40 o 50 mil personas y generó un debate sobre si se cumplieron los objetivos de la actividad.
Si el objetivo era generarle una sonrisa a la Presidente Sheinbaum, pueden darlo por logrado.
Pero si la intención era activar estructura, que se fueran motivados por ver a la segunda (O tercera) figura más importante del Movimiento, que tuvieran convivencia y se empaparan de los ideales de no robar, no engañar y no traicionar del líder de Macuspana, ahí si le fallaron pero gacho.
Bueno, pero no nos distraigamos en ello, pues a ellos mismos parece no interesarles ni siquiera revisar que se hizo bien y que se hizo mal, vamos a romper esa ceguera de taller.
El arquitecto Jesús David Fierro reviso el asunto desde la óptica de la ingeniería urbana y la logística. Su punto de partida fue la declaración del representante del Gobierno del Estado en Juárez, Carlos Ortiz, quien aseguró que participaron alrededor de mil 500 autobuses en el traslado de asistentes.
Fierro se preguntó si esa cifra era compatible con las características físicas del lugar y con el tiempo en que se registró el mayor movimiento de personas.
Y es que -afirma- para alcanzar una cantidad de mil 500 autobuses durante un periodo de dos horas tendría que ingresar una unidad cada 4.8 segundos de manera continua. Basta imaginar el flujo vehicular sobre avenidas como Heroico Colegio Militar o Juan Pablo II para entender la magnitud del reto.
El especialista sostiene que una operación de esa escala habría provocado una presión extraordinaria sobre las vialidades y sobre las áreas de ascenso y descenso de pasajeros.
Hay otro dato que ayuda a dimensionar la discusión. Si esos mil 500 autobuses se colocaran en una sola fila formarían una línea cercana a los 18 kilómetros de longitud. Además, el espacio requerido para estacionarlos y maniobrarlos rondaría las 15 hectáreas.
Conclusión: Ni remotamente posible tal cantidad de unidades. Pero de hecho seria innecesaria. La versión oficial de los policías que se encontraban en el lugar fue que en el momento de mayor concentración eran 30 mil personas, si fuera el caso (Que no lo es) para movilizarlas se requeriría poco más de 650 unidades.
Ya analizado este tema, es importante poner sobre la mesa otra propuesta del arquitecto Fierro: reducir la mancha de calor que representa la propia Plaza de la Mexicanidad y los terrenos aledaños.
Desde su perspectiva, se trata de una de las mayores superficies de concreto y asfalto de la zona, una condición que favorece la acumulación de calor durante gran parte del año.
Cualquier juarense que haya caminado por ese lugar durante el verano entiende de qué se habla. El concreto absorbe la radiación solar durante horas y después la libera lentamente. El resultado es una sensación térmica más elevada y un espacio público que exige sombra, vegetación y áreas de descanso.
Entre sus propuestas aparecen jardines de lluvia para captar escurrimientos, franjas arboladas con especies nativas como mezquites y huizaches, pavimentos permeables, senderos peatonales mejor conectados y una red ciclista vinculada con El Chamizal.
A lo mejor así, la próxima vez, la gente no se retira del evento antes del punto culminante del mismo, como paso este domingo.
Hasta mañana.







