Los múltiples hundimientos de calles y brote de aguas negras que se presentaron estas últimas semanas -con mayor fuerza en los últimos días-, son la muestra de un fenómeno que desde la política afecta lo social.
Los ductos en distintas colonias están colapsando luego de décadas de servicio y derivado de ello en los puntos de mayor desagüe, los residuos emergen a borbotones. Es decir, varias administraciones municipales, de todos los colores y sabores, dejaron para después atender un tema que -según lo hemos escuchado muchas veces- es poco rentable electoralmente.
Patricio Martínez, siendo gobernador, invirtió muchos millones de pesos en mandar por un tubo las aguas negras de el canal de El Chuviscar, que atraviesa de poniente a oriente la capital y no fueron pocas las veces que expreso que esas obras no se ven ni se valoran, porque quedan enterradas.
En nuestra querida frontera, el pragmatismo político superó la necesidad y es ahora que surge la pestilente agua que pasa a sentido de urgencia.
Es la Junta Municipal de Agua y Saneamiento la que en estos momentos sale al quite en distintos puntos de la ciudad. En Manuel J. Clouthier y Roberto Bosh, el caos alcanzó niveles superiores a otros puntos, pues es el patio fiscal por donde cientos de trailers deben pasar por aduanas.
Accidentes y tiempos de espera innecesarios se vivieron estos días, hasta que finalmente se le dio una solución aunque no definitiva, mucho menos integral.
La infraestructura subterránea de Juárez envejeció mientras las administraciones fueron posponiendo las inversiones necesarias. Cada hundimiento es una señal de alerta.
Basta recorrer la ciudad después de una lluvia para encontrar pavimentos destrozados, calles convertidas en trampas para automovilistas, alcantarillas saturadas, abiertas o deformes.
También ya se nos hicieron costumbre pasar por encharcamientos que afectan la movilidad y ponen en riesgo el tráfico peatonal.
Cada temporal termina convirtiéndose en una prueba de resistencia para una ciudad que debería presumir infraestructura acorde con la importancia económica que tiene para el país.
La paradoja resulta evidente. Juárez es uno de los motores industriales de México, genera miles de millones de pesos en actividad económica y sostiene buena parte de las exportaciones nacionales.
Pero muchas de sus colonias presentan servicios propios de una ciudad que lleva años sobreviviendo con soluciones temporales. Mientras algunas zonas cuentan con infraestructura moderna y mantenimiento constante, otras siguen esperando obras básicas que debieron realizarse hace décadas.
Es tiempo de olvidar la rentabilidad electoral, si queremos transitar de una ciudad descuidada a una moderna.
La situación también se refleja en otros servicios públicos. El propio Municipio anunció recientemente la adquisición de bombas y equipo para enfrentar inundaciones en puntos críticos de la ciudad. Esa inversión busca fortalecer la capacidad de respuesta ante las emergencias, una necesidad evidente. Sin embargo, la discusión de fondo sigue siendo la misma: una ciudad del tamaño e importancia de Juárez requiere infraestructura que reduzca las emergencias, no únicamente equipos para reaccionar cuando éstas ya ocurrieron.
Bomberos, Protección Civil, Obras Públicas, la JMAS y distintas dependencias suelen responder con profesionalismo cuando la emergencia aparece. El verdadero desafío consiste en que las emergencias dejen de repetirse con la misma frecuencia. Reparar el daño cada temporada de lluvias representa un enorme esfuerzo humano y presupuestal que difícilmente sustituye una estrategia integral de modernización.
Pase lo que pase en la elección de 2027, la ciudadanía debe exigir algo elemental: que los tres órdenes de gobierno dejen atrás las diferencias políticas una vez concluidas las campañas y construyan un programa conjunto para rescatar la infraestructura de Ciudad Juárez. El drenaje, el alcantarillado, las vialidades, el manejo de aguas pluviales y los servicios de emergencia requieren continuidad, inversiones multianuales y una visión que trascienda los ciclos electorales.
Hasta mañana.






