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🐎 Avanzan los Dorados de Villa, sin prisa pero sin pausa…

Bajo un sol implacable que parece poner a prueba la voluntad de hombres y caballos, la columna de la Gran Cabalgata Villista comenzó a dibujar su estampa sobre la carretera Panamericana. Atrás quedó el Umbral del Milenio, la emblemática puerta de entrada a Ciudad Juárez, mientras cientos de jinetes emprendieron el largo camino que, durante los próximos 12 días, los llevará a recorrer 600 kilómetros hasta llegar a Hidalgo del Parral.

No hay prisa en la marcha, pero tampoco pausas innecesarias. El trote constante de los caballos, el ondear de las banderas y el polvo que se levanta al paso del contingente recuerdan que esta travesía es mucho más que un recorrido ecuestre: es una tradición que desde hace 31 años mantiene vivo el legado de Francisco Villa y la historia revolucionaria que tuvo uno de sus capítulos más importantes precisamente en Ciudad Juárez.

Las imágenes compartidas por la regidora Fernanda Ávalos retratan el espíritu de la cabalgata. Jinetes de todas las edades avanzan con serenidad, conscientes de que el camino apenas comienza. No buscan velocidad; buscan honrar una historia, fortalecer la identidad chihuahuense y mantener viva una costumbre que cada verano vuelve a reunir a quienes encuentran en el caballo, el paisaje y la convivencia una forma de rendir tributo a su tierra.

Mientras el contingente se pierde poco a poco en el horizonte, una frase parece cobrar más sentido que nunca: ¡Qué bonito es Chihuahua! Porque en estas veredas de sol, polvo y tradición, los Dorados de Villa demuestran que las grandes gestas todavía pueden recorrerse a caballo.

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