Esperemos que la escalada de agresiones al sector comercio de esta semana sea debidamente atendida por las autoridades locales y de ser necesario también por las estatales y federales, para que no sea la mecha que detone una nueva época donde el temor genero una gran crisis en nuestra querida ciudad Juárez.
Durante la madrugada de ayer miércoles, en poco más de una hora, según nos hicieron de conocimiento tres camiones de transporte de personal y dos puestos de comida terminaron consumidos por el fuego en distintos puntos de la ciudad.
Cinco bienes relacionados con actividades comerciales fueron afectados y, en ambos casos, los primeros reportes apuntan hacia incendios presuntamente provocados.
Hasta este momento, ninguna autoridad ha establecido que todos esos acontecimientos estén relacionados, tampoco ha confirmado que exista extorsión, cobro de piso o alguna acción vinculada con un grupo criminal.
Eso corresponde determinarlo a la Fiscalía mediante las investigaciones correspondientes.
Esta ciudad ya vivió épocas en las que comerciantes, empresarios y propietarios de establecimientos recibían amenazas y enfrentaban presiones que, en determinados casos, terminaban con negocios incendiados. El fuego llegó a convertirse entonces en una herramienta de intimidación, una manera brutal de enviar mensajes y de imponer miedo.
Por eso, aunque sería exagerado hablar de un regreso de aquellos años, también sería un error mirar hacia otro lado y asumir que se trata simplemente de dos incendios más.
Uno ocurrió alrededor de las tres de la madrugada en una yarda de la colonia Las Presas, donde tres camiones utilizados para transporte de personal fueron objeto de conflagración. Poco más de una hora después, en Finca Bonita, ardieron dos puestos de comida construidos principalmente con madera.
En este segundo lugar apareció además un galón con residuos de gasolina.
Podemos incluso especular que se trataron de hechos aislados e incluso accidentes. Puede existir algún conflicto particular detrás de uno o de todos los incendios. Puede incluso existir una explicación que nada tenga que ver con extorsiones o grupos criminales.
Pero también existe la posibilidad de que haya algo más detrás y esa hipótesis tampoco puede descartarse de manera anticipada.
La ciudad ha enfrentado enormes retos de seguridad, pero también ha construido instituciones, sistemas de vigilancia y capacidades de investigación que hace algunos años parecían difíciles de imaginar.
La mejor manera de evitar que una situación aislada pueda convertirse en un patrón es investigarla cuando todavía se encuentra en sus primeras manifestaciones.
Y en este momento lo que Juárez necesita es que las autoridades estén alertas, que revisen cada detalle, que crucen información, que determinen si existe alguna relación entre los hechos y, sobre todo, que encuentren a quienes provocaron los incendios si se confirma que fueron intencionales.
También será importante que, si las investigaciones descartan cualquier vínculo con extorsión, se informe con claridad.
Porque la tranquilidad de los comerciantes y de quienes todos los días salen a trabajar depende del trabajo coordinado de las autoridades, de los tres niveles y que se actúe con diligencia y rapidez. Pueden lograrlo.
Hasta mañana.







