La violencia laboral es una problemática que afecta a muchas mujeres en distintos ámbitos de trabajo y puede manifestarse de diversas formas, como el acoso verbal, psicológico, físico o sexual, así como la discriminación por género, amenazas o abusos de poder.
Estas conductas vulneran los derechos humanos, dañan la dignidad de las trabajadoras y generan consecuencias negativas en su salud emocional, autoestima y desempeño profesional. Muchas veces, este tipo de violencia se normaliza o se silencia por miedo a represalias o a perder el empleo.
Es importante reconocer que ninguna forma de violencia es aceptable y que las mujeres tienen derecho a trabajar en un entorno seguro, respetuoso y libre de abusos. Identificar las señales de violencia laboral, como humillaciones constantes, comentarios ofensivos, sobrecarga injustificada de trabajo o insinuaciones inapropiadas, es un primer paso fundamental para enfrentarla.
Hablar del tema y buscar apoyo en personas de confianza ayuda a romper el silencio y a fortalecer la toma de decisiones, e incluso existen varias dependencias dedicadas a asesorar y proteger los derechos de las mujeres y dar acompañamiento en caso de buscar establecer una denuncia.
Ante situaciones de violencia laboral, se recomienda denunciar los hechos ante las instancias correspondientes, como recursos humanos, sindicatos, comisiones de igualdad, líneas de atención a la mujer o autoridades legales, documentar las agresiones, conservar mensajes, correos o testimonios puede ser clave en el proceso de denuncia.
Denunciar no solo protege a la víctima, sino que también contribuye a prevenir que otras mujeres vivan situaciones similares y a promover espacios laborales más justos e igualitarios.








