Vaya gira que se aventó esta semana la gobernadora Maru Campos, allanando medios nacionales e internacionales, dando la cara ante la campaña que la 4T ha orquestado en su contra y que también estos días generó el primer choque de bloques políticos, en la llama Marcha por la Soberanía.
Han sido semanas duras, donde la Presidente Claudia Sheinbaum un día si y otro también ha señalado al gobierno de Chihuahua con matices de entreguista, lo que ha dado pie a que toda la maquinaria morenista del país haya llegado hasta el extremo de catalogarla como traidora a la patria.
Pero aquí, aplicar el contraste con las reacciones de otros gobernadores es inevitable.
Sinaloa es el mejor ejemplo. Mientras Rubén Rocha Moya se encuentra en calidad de escondido tras caerle encima una solicitud de una fiscalía estadounidense para su detención con carácter de urgente, en paquete con otros 9 personajes de la vida pública sinaloense, por sus probables vínculos con el crimen organizado, la de Chihuahua hace giras nacionales para hacer notar su presencia.
La lista de la que hablamos no es menor. Hablamos de un miembro del senado que también anda escondido, un alcalde en funciones y dos extitulares del gobierno sinaloense que ya se entregaron a la justicia norteamericana, llevandose consigo -esto si es rumor- muchas pruebas, las pruebas que tanto ha pedido la presidente Sheinbaum.
Con ello, Maru Campos, tomó una decisión políticamente arriesgada pero necesaria: defender a su gobierno en medios nacionales e incluso internacionales, en medio de un ambiente nacional polarizado, cargado de presión política y con una narrativa federal cada vez más agresiva contra quienes no se alinean.
La gobernadora dando la cara en medio de la tormenta, ya marca una enorme diferencia frente a quienes corren ante siquiera un chipichipi (llovizna pa darme a entender).
Ahora bien, las giras de medios nacionales son desgastantes.
Son jornadas largas, agendas apretadas, entrevistas consecutivas y espacios donde cualquier error, titubeo o frase mal construida se convierte en tendencia.
Además, los periodistas nacionales -aunque tengan compromisos publicitarios- suelen poner buscapiés, provocar contradicciones y buscar declaraciones explosivas. Ese es el juego. Y aun así, la gobernadora fue, habló y enfrentó.
Por supuesto hubo momentos incómodos, preguntas agresivas y temas espinosos. Pero la evaluación general terminó siendo positiva. Maru Campos mostró músculo político, capacidad de resistencia y algo que hoy escasea en buena parte de la clase política mexicana: valentía para sostener públicamente una postura, aun sabiendo que eso implicaría ataques posteriores desde distintos frentes.
Uno de los mensajes más contundentes que dejó fue su posición frente al crimen organizado. La gobernadora dejó claro que no piensa frenar la lucha contra los grupos criminales, aunque la presión política venga incluso desde las más altas esferas del poder nacional.
Ese posicionamiento no es menor en un país donde cada vez más voces denuncian pactos de impunidad, silencios sospechosos y protección política para ciertos personajes ligados al desastre de seguridad que vive México.
Chihuahua, además, tiene una historia distinta. Aquí existe una cultura política de confrontación, de resistencia y de defensa del estado frente al centralismo. Por eso también tomó fuerza la idea de que ningún “narcopartido”, como ya algunos sectores comienzan a llamar al oficialismo, va a venir a dictar el futuro político de un estado que históricamente no se ha rajado frente al poder federal.
Maru Campos parece haber arrancado una etapa de posicionamiento nacional donde busca consolidarse como una voz opositora firme, frontal y dispuesta a confrontar narrativas oficiales así vengan amenazantes.
Hasta el lunes.







