Lo que prometía ser una jornada complicada para el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, terminó convirtiéndose en uno de los episodios políticamente más rentables de su carrera reciente.
Su comparecencia ante el Congreso del Estado fue quizá uno de los momentos más complicados de su trajín político, al ser citado para aclarar un adeudo de ISR de no pocos millones, lo que movió a los diputados panistas y a los contras dentro de su propio partido a elaborar una estrategia -no coordinada hasta eso- para atiborrarle de lodo.
Afuera varias decenas de chairos puros acusándolo de corrupto, algunos hasta con mascaras de cochinos; dentro del recinto diputados azules pensaban que llegaba un festin.
Pero los colmillos de Cruz y su cara dura pudieron más.
Los diputados panistas perdieron la compostura y abandonaron la reunión de la Junta de Coordinación Política y afuera no contaban con que los operadores del alcalde les llevaría sus propios morenos fifis, que los neutralizaron.
Porque la batalla más intensa que trae el de Juárez es contra la dirigencia estatal de MORENA y, pareciera, varios actores nacionales vinculados a Adan Augusto López.
Para muchos de los llamados “morenistas puros”, Pérez Cuéllar sigue siendo un personaje incómodo. Su paso por el PAN y Movimiento Ciudadano continúa siendo utilizado como argumento para cuestionar su pertenencia ideológica al movimiento.
Lo consideran un converso, un invitado tardío en la fiesta de la Cuarta Transformación.
El problema para quienes impulsan esta narrativa es que Morena nació precisamente como un movimiento que integró a figuras provenientes de prácticamente todos los partidos políticos.
Difícilmente puede encontrarse hoy a un actor relevante dentro del obradorismo que no tenga antecedentes en alguna otra fuerza política. El mismo argumento que se utiliza contra Cruz ha sido empleado durante meses contra la delegada del Bienestar, Mayra Chávez, quien busca ser candidata a la Presidencia Municipal de Juárez.
Pero personajes cercanos a la dirigencia estatal encabezada por Brighite Granados no se cansan de señalarla por sus antecedentes priistas.
La disputa dejo de ser ideológica hace mucho tiempo, quizá ni siquiera nació con esos fines. La ambición de esta pelea, claro, es simple y llana: se quiere el poder.
Los distintos grupos han olido la posibilidad real de ganar la gubernatura de Chihuahua en 2027 y están dispuestos a lo que sea por conseguir cada espacio, cada candidatura y cada posición estratégica.
La coyuntura resulta particularmente interesante porque Cruz Pérez Cuéllar ha decidido solicitar licencia para dedicarse de lleno a la construcción de su proyecto político, apenas unas semanas después de que Andrea Chávez hiciera lo propio en el Senado.
Ambos se encuentran recorriendo caminos paralelos rumbo a una misma meta. Y eso, naturalmente, genera nerviosismo entre quienes observan cómo el tablero comienza a definirse antes de tiempo.
Lo más delicado para Morena es que la confrontación está dejando heridas visibles y algunas quizá incurables.
Esto a tal grado que no son pocos los que observan la cercanía de Cruz con el Partido Verde Ecologista y recuerdan las sólidas relaciones políticas que mantiene dentro de esa fuerza. En una elección tan competida, cualquier fractura podría terminar costando muy cara.
Del otro lado de la banqueta, en el PAN y en el Gobierno del Estado, parecen haber encontrado un inesperado respiro.
Después de varias semanas bajo presión por los ataques provenientes de la Cuarta Transformación, la gobernadora Maru Campos y el panismo en general parecen estar cómodos de momento con la calma.
Y mientras Morena concentra buena parte de sus energías en una guerra interna, el PAN observa desde la barrera. Sus pre-candidatos igual.
Hasta mañana.







