Desde este humilde espacio editorial se festina el triunfo de la Selección Tricolor contra Corea, por un solo pepinillo. Es poco pero honrado, diría cierto personaje del entorno juarense.
Esperamos con ansias el siguiente compromiso, programado para el miércoles 24 de junio a las siete de la tarde frente a la República Checa.
Ojalá que la pasión futbolera no vuelva a salirse de control como ocurrió en la capital del estado, donde los festejos terminaron en tragedia cuando el conductor de una camioneta gris, al verse rodeado por la multitud enardecida en las inmediaciones de la tradicional glorieta de Pancho Villa, aceleró y arrolló a varias personas, dejando lesionados de consideración. A todos ellos pronta recuperación.
Pero nuestro tema es otro, porque mientras la senadora con licencia Andrea Chávez insiste en los llamados a la unidad y al respeto mediante videos difundidos en sus redes sociales, en una clara estrategia por mantenerse vigente en la opinión pública, el senador y aspirante a la alcaldía de Ciudad Juárez, Juan Carlos Loera, continúa con su discurso de que la Cuarta Transformación no ha llegado a la frontera.
Esta puya puede considerarse fuera de lugar y un desacato a los llamados de la dirigencia nacional, considerando que Morena gobierna nuestra ciudad desde hace cinco años con Cruz Pérez Cuéllar y ahora, tras la licencia del alcalde, con Héctor Ortiz Orpinel.
Es cierto que ambos personajes militaron antes en Acción Nacional y Movimiento Ciudadano, pero también es verdad que desde hace una década forman parte del movimiento obradorista. Cruz fue senador por Morena en 2018, alcalde en 2021 y refrendó el cargo en 2024. Algo debió haber hecho bien para obtener tres victorias consecutivas.
Las lenguas viperinas saben que la disputa entre Loera y Cruz no es precisamente ideológica. No hay amistad y tampoco coincidencias personales.
Loera parece convencido de que por haber acompañado a López Obrador desde hace más años y por presumir credenciales de izquierda más puras, el electorado tendría que entregarle automáticamente la confianza.
Sin embargo, los títulos honoríficos no sustituyen al trabajo, al carisma ni a la capacidad de construir acuerdos. Ya en 2021 recibió la candidatura a gobernador con todo el respaldo presidencial y terminó perdiendo frente a Maru Campos.
Estrepitosamente.
Por eso llama la atención que ahora descalifique a quienes, con independencia de su origen político, han logrado consolidar electoralmente a Morena en Ciudad Juárez.
Porque resulta curioso escuchar que “el pueblo todavía no llega al poder” en Juárez, como si Cruz Pérez Cuéllar no perteneciera al mismo movimiento y como si solamente los fundadores tuvieran derecho a ocupar espacios de representación.
Más aún cuando el propio Loera, siendo candidato, no ha entregado una sola victoria electoral de gran tamaño al morenismo chihuahuense, mientras que Cruz suma tres triunfos consecutivos. Y no se trata aquí de defender una administración que tuvo, por supuesto, muchas áreas de oportunidad, sino de advertir que las peleas internas y las descalificaciones públicas poco ayudan a la vida democrática de Morena.
Quienes seguramente observan con una sonrisa estas diferencias son los panistas. Porque si la izquierda decide resolver sus conflictos a base de golpes entre compañeros y termina apostando por candidaturas que no generan empatía ni capacidad de sumar, el camino para que Acción Nacional retenga la gubernatura en 2027 podría volverse mucho menos complicado.
Y mientras unos y otros miden fuerzas, ya hay fecha para el siguiente episodio de esta historia. Será el próximo 23 de junio cuando se abran los registros para quienes aspiren a cargos de elección popular en Chihuahua, según lo anunciado por Citlalli Hernández. No son pocos los interesados y más de uno ya afila las uñas.
Hasta el lunes.







