A diferencia de lo que ayer sucedió en La Conferencia Mañanera, con la presencia de Merlín, las lenguas viperinas no pudieron hacerse pato de la puyita que el domingo se aventó la senadora con licencia Andrea Chávez que temerariamente se aventó la hablada de que en Chihuahua los medios de comunicación no tocan a la gobernadora ni con el pétalo de una rosa.
Si, así mero. Vendidos y paleros se pudiera traducir el comentario genérico que avienta sin tener la mínima idea de las luchas que se han realizado en Chihuahua para mantener un equilibrio informativo, cuando la institucionalización de actores que se dicen periodistas y un guión a modo, un circo mediatico, se puede ver todos los días en las conferencias de Sheinbaum.
Al parecer la señora Andrea Chávez necesita un frente más porque no le basta las constantes diatribas que avienta dentro y fuera de MORENA, donde ya se le conoce como La Doña Barredora, por su relación cercana con un personaje nacional que según negocio sus aspiraciones a futuro en la 4T a cambio de recibir en bandeja de plata el Estado de Chihuahua.
Las mentadas que van y vienen entre Chávez y sus adversarios no son la gran cosa. Hasta pudiera decirse que forman parte del debate político, que este medio le hemos consignado en forma bien equilibrada tratando de generar espacios de debate y conocimiento del espectro político y social.
Lo verdaderamente delicado es que quien aspira a gobernar Chihuahua pretenda desacreditar de un plumazo el trabajo periodístico y colocar bajo sospecha a todos aquellos comunicadores que no se alinean con la narrativa de la Cuarta Transformación. Porque, siguiendo su lógica, cualquier periodista que critique a Morena será un vendido y cualquier medio que no se sume a la causa será un palero del Gobierno.
La realidad es mucho más compleja que la simplona explicación de los contratos publicitarios. Es verdad que existen convenios de difusión entre los medios y las instituciones públicas, como también los hay con empresas privadas.
Así funciona la industria de la comunicación en todo el mundo. Pero reducir la línea editorial de un medio al monto de un contrato de publicidad es tener una visión diminuta del periodismo y, además, una enorme falta de respeto para quienes ejercen esta profesión con independencia, con errores y aciertos, pero con dignidad.
Además, discúlpenme quien se pueda indignar con esto, la izquierda ha cambiado para mal, porque una cosa es la defensa popular y otra muy distinta el populismo.
La primera significa ponerse del lado de los ciudadanos y exigir que el poder respete sus derechos. El segundo consiste en utilizar las causas sociales como instrumento para perpetuarse en el poder y descalificar a cualquiera que se atreva a cuestionar al movimiento.
Más cuando la crítica se sustituye por el insulto y el debate por la descalificación. Ahí se asoma bien claro el autoritarismo.
Por eso, estas lenguas viperinas creen que Andrea Chávez debería empezar por practicar la autocrítica.
Quizá descubriría que el problema no está en los medios ni en los periodistas, sino en esa costumbre tan propia de algunos iluminados de la Cuarta Transformación de pensar que quien no les aplaude está comprado. Y eso, más que una posición política, es una muestra de intolerancia que no le hace ningún favor a la libertad de expresión que tanto dicen defender.







