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🦂¿Tiempo de definiciones?

No sabemos qué pasó. Qué fuerza oscura se apoderó del panismo chihuahuita o qué planeta se alineó para provocar una explosión de “encueramientos” políticos que, seguramente, terminará por permear también hasta esta frontera.

Lo curioso es que, en realidad, el fenómeno empezó precisamente en nuestra querida Ciudad Juárez, cuando varios aprendieron por la mala que quitarse la máscara prematuramente tiene sus consecuencias.

Basta recordar el caso de Sergio Nevárez, cuya fotografía al lado de Marco Bonilla y de un exgobernador terminó costándole la presidencia de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento, por cierto qué suertudo pensarían quienes conocen la historia de lo que sucedió después.

Después vino la famosa fotografía de Rulo García, recaudador de Rentas, compartiendo mesa en Kentucky con Marco Bonilla, alimentando las calenturas prematuras rumbo al 2027.

Todo eso ocurrió sin que existiera una señal pública y contundente de la verdadera jefa política del PAN en Chihuahua: la gobernadora Maru Campos, cuya opinión sigue siendo la única capaz de ordenar la casa.

Pero este fin de semana ocurrió algo que rompió todos los manuales de disciplina partidista. Empezaron a aparecer videos, fotografías y pronunciamientos abiertos de panistas respaldando a sus respectivos gallos. Videos que parecieran ordenados por una máxima autoridad apoyando por ejemplo a Santiago de la Peña, personaje que, sobra decirlo, sigue siendo visto con enorme recelo por buena parte de las vacas sagradas del panismo capitalino, aunque todo apunta a que es una de las cartas más fuertes impulsadas desde Palacio.

Dicen, así dicen, que santones azules como Memo Luján lo detestan.

Como si eso no bastara, después del cumpleaños del exfiscal César Jáuregui comenzaron a desfilar los apoyos públicos para él y para Marco Bonilla, formando desde ahora una especie de mancuerna rumbo a la sucesión estatal.

Y entonces la pregunta es inevitable: ¿qué les pasó? ¿Quién abrió la puerta del corral? Porque, de la noche a la mañana, muchos decidieron revelar por dónde late su corazón, quién es su favorito y a quién consideran con mayores posibilidades de competir frente a Morena.

Paradójicamente, hoy Morena luce un poco más acomodado. Ahí los grupos desde hace tiempo mostraron sus fobias y filias. Unos están con Cruz Pérez Cuéllar, otros con Andrea Chávez y no hace falta meterle una lupa para identificar quién juega con quién.

En cambio, en el PAN existía hasta el momento cierta discreción en lo general: pocos se movían mientras no hubiera señales de Daniela Álvarez o, sobre todo, de Maru Campos. Esa regla parece haber quedado enterrada este fin de semana.

Ahora sí quedaron visibles grupos, apuestas y hasta lealtades. Para cautos o incautos, el mapa interno ya comenzó a dibujarse antes de tiempo.

Falta ver qué sucede en Ciudad Juárez, donde Daniela Álvarez pretende mantener el control del proceso interno a través de padawan, Ulises Pacheco. Ya circula incluso una supuesta terna de perfiles que ellos consideran competitivos para buscar la candidatura local.

El único detalle es que, fuera de ese pequeño círculo, ninguno termina de despertar entusiasmo. Dicho en términos coloquiales, ninguno pela un chango a cachetadas.

Y si el PAN ya empezó a quitarse las máscaras con un año de anticipación, habrá que ver si ese ejercicio de sinceridad fortalece al partido… o simplemente adelanta una guerra interna.

Hasta mañana.

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