Lo que comenzó como una tarde nublada terminó en calles inundadas, vehículos varados y familias buscando ayuda. Mi experiencia durante la tormenta de granizo del 23 de octubre dejó al descubierto las dificultades que enfrenta la ciudad ante las lluvias intensas.
Ciudad Juárez, Chih.- La tarde del viernes 23 de octubre parecía transcurrir con normalidad. El cielo estaba nublado y el clima anticipaba lluvias, pero nada hacía pensar que, en cuestión de minutos, las calles de Ciudad Juárez se convertirían en trampas de agua y granizo.
Mientras transitaba por la avenida Tomás Fernández, la lluvia comenzó a intensificarse. El agua se acumulaba rápidamente sobre el pavimento y, al llegar al cruce con Vicente Guerrero, el nivel ya alcanzaba aproximadamente la mitad de las puertas de algunos vehículos. Avanzar se convirtió en una decisión difícil: detenerse podía significar quedarse atrapado en medio de una laguna, pero continuar implicaba enfrentar una corriente de agua cada vez más profunda.
La marcha continuó intentando evitar que el vehículo quedara varado en alguno de los encharcamientos que comenzaban a extenderse por las vialidades. Sin embargo, al avanzar por la avenida Valle de Juárez, el panorama empeoró. El granizo se acumulaba en distintos puntos y el agua superaba la altura de las llantas. Eran aproximadamente las cinco de la tarde cuando los frenos comenzaron a fallar por primera vez y el volante se puso rígido, haciendo cada vez más difícil controlar el vehículo.
Ante el riesgo, busqué una salida para sacar el automóvil de la zona inundada y resguardarme en el estacionamiento de un establecimiento. Después de esperar a que el agua disminuyera un poco y notar que la dirección respondía mejor, decidí continuar por la Paseo Triunfo de la República. Más adelante, la vialidad parecía estar libre de grandes encharcamientos. Pensé que lo peor había pasado, pero fue un error.
Conforme avanzaba, el tráfico comenzó a acumularse hasta que los vehículos dejaron de moverse. Para las siete de la noche, la circulación ya estaba prácticamente paralizada en el cruce de la avenida Plutarco Elías Calles con Paseo Triunfo de la República, donde la inundación impedía el paso. Algunos automóviles quedaron varados y el congestionamiento se extendió por la zona. Antes de llegar al punto de mayor afectación, ya había pasado aproximadamente una hora y media atrapado en largas filas de vehículos que apenas avanzaban.
Al acercarme a la zona más inundada, intenté cambiarme al carril derecho para resguardarme en el estacionamiento de un establecimiento, buscando una parte elevada que evitara que el agua siguiera afectando mi automóvil. Pero, durante la maniobra, los frenos volvieron a dejar de responder y el volante perdió movilidad. La banqueta del estacionamiento terminó deteniendo el vehículo. Ahí quedé inmovilizada, sin posibilidad de continuar.
Desde ese punto observé cómo el caos se extendía por toda la vialidad. Se escuchaban los cláxones de automóviles y tráileres; el Juárez Bus también se encontraba entre el congestionamiento, mientras algunas personas gritaban para pedir que los vehículos se movieran. Pero no había espacio suficiente para avanzar. Otros automóviles comenzaron a quedarse varados en medio de la calle, complicando todavía más una circulación que ya estaba prácticamente paralizada.
El tiempo pasó mientras permanecía dentro del automóvil, esperando ayuda y observando cómo las condiciones de la vialidad dificultaban cualquier intento de salir de la zona. Fue hasta las nueve de la noche cuando finalmente llegaron elementos de la Policía Municipal para auxiliarme y trasladarme a mi hogar. Habían transcurrido varias horas desde que la lluvia comenzó a complicar el trayecto y tuve que dejar mi vehículo varado en el estacionamiento, sin saber en qué condiciones se encontraba ni cuándo podría recuperarlo.
El trayecto de regreso mostró que el problema no se limitaba al lugar donde había quedado atrapado. Las calles aledañas también presentaban inundaciones y, en algunos puntos, las condiciones parecían incluso peores. Había automóviles varados, familias completas buscando cómo salir de la situación y personas con niños pequeños y bebés que solicitaban apoyo de agentes de Vialidad o de la Policía.
Lo vivido durante esa tarde fue más que una experiencia personal de angustia al volante. Fue observar, desde dentro del problema, cómo una lluvia intensa puede transformar en minutos la movilidad de una ciudad, dejar a conductores sin capacidad de reacción y obligar a familias enteras a buscar ayuda en medio de calles anegadas.
La tormenta de granizo del 23 de octubre dejó una imagen difícil de olvidar: vehículos inmovilizados, vialidades bloqueadas y ciudadanos intentando ponerse a salvo. Para quienes vivimos esta experiencia, la pregunta permanece después de que baja el agua: ¿qué tan preparada está Ciudad Juárez para enfrentar lluvias de esta magnitud?
Más allá de los daños que cada persona haya sufrido, lo ocurrido vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de atender los puntos de inundación, mejorar la capacidad de desagüe y fortalecer los mecanismos de respuesta ante emergencias. Porque cuando el agua comienza a subir y los vehículos dejan de avanzar, la diferencia entre continuar el camino y quedar atrapado puede depender de unos cuantos minutos.







