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El síndrome del difunto

Ahora resulta que todos somos cardenistas. De izquierda, de derecha, de abajo y el frente, el fallecimiento de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano despertó una auténtica competencia de elogios, recuerdos, fotografías y muestras de admiración que, en algunos casos, parecen más una carrera por aprovechar el trend que un homenaje sincero.

Las redes sociales se llenaron de mensajes de respeto, coincidencias filosóficas y profundas reflexiones sobre la democracia. Evocaron esos dichos que dicen que todos hablan bien de uno, pero hasta que se muere.

Personajes que durante los años de mayor fuerza del ingeniero Cárdenas fueron sus adversarios, hoy se presentan como viejos compañeros de lucha. Algunos, en aquellos tiempos, apenas comenzaban a entender de qué iba la política.

Y es que el tren del mame también tiene sus estaciones. Basta desempolvar una fotografía de alguna gira, una reunión o un encuentro circunstancial con el hijo del general Lázaro Cárdenas para sentirse parte de aquella historia que sacudió al sistema político mexicano.

Cuauhtémoc Cárdenas fue mucho más que una figura de ocasión. Nacido el 1 de mayo de 1934, hijo del presidente que decretó la expropiación petrolera, gobernador de Michoacán, candidato presidencial en 1988 y fundador del PRD, se convirtió en uno de los principales referentes de la transición democrática mexicana.

Su ruptura con el PRI -si del PRI- y la construcción del Frente Democrático Nacional marcaron una época. Aquella elección de 1988, con la famosa caída del sistema, abrió una herida que tardaría décadas en cerrar y que terminó por modificar la vida política nacional. Cárdenas fue, junto con otras figuras, protagonista de una lucha que costó años de organización, resistencia y sacrificios.

Por eso llama la atención que algunos de los que hoy se dicen sus admiradores hayan pasado buena parte de su trayectoria combatiendo todo aquello que oliera a izquierda.

Ahí está Javier Corral, quien recientemente recordó que admiraba al ingeniero desde que lo conoció hace poco más de 40 años en Ciudad Juárez. Seguramente desde algún rincón de la historia, el general Lázaro Cárdenas habría soltado una risilla al escuchar semejante declaración.

En aquellos años, Corral era panista de hueso azul, adversario de las expresiones priistas y de la izquierda que representaban Cárdenas y sus seguidores. El tribuno, como se le conocía cuando gozaba de mayor prestigio entre la derecha, construyó buena parte de su carrera política bajo las siglas del PAN.

Y si de contradicciones hablamos, Andrés Manuel López Obrador tampoco se queda atrás.

El tabasqueño fue impulsado por el PRD, partido que terminó por abandonar para construir su propio movimiento. Morena se convirtió en el vehículo de su ascenso presidencial y en una maquinaria política que, con el pragmatismo por delante, abrió sus puertas a personajes de muy distintas trayectorias, ideologías y reputaciones.

Se ha recordado también aquella invitación que López Obrador extendió a Cuauhtémoc Cárdenas para incorporarse como asesor al inicio de su gobierno. Sin embargo, el ingeniero mantuvo cierta prudente incredulidad.

Su trayectoria y su pensamiento difícilmente podían acomodarse a un movimiento que terminó por reunir a buena parte de la clase política que antes combatía.

Hasta el lunes.

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