A unas horas de que concluya este 2025, la Diócesis de Ciudad Juárez en voz del obispo José Guadalupe Torres Campos, envió un mensaje a los juarenses donde pide que el próximo año reine la paz, el perdón y la solidaridad.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo: al iniciar un nuevo año, elevamos nuestro corazón a Dios con profunda gratitud por el camino recorrido. Damos gracias por las alegrías que nos fortalecieron, por las pruebas que nos ayudaron a crecer y, sobre todo, por la presencia fiel del Señor que nunca nos ha abandonado. Reconocemos con humildad que todo ha sido gracia y, con confianza, ponemos en sus manos el futuro y los proyectos que Él, en su amor providente, ha preparado para cada uno de nosotros y para nuestra Iglesia diocesana de Ciudad Juárez.
Este primer día del año celebramos la Solemnidad de María, Madre de Dios, y la Jornada Mundial por la Paz. Bajo su mirada maternal queremos aprender a acoger la vida como un don y a vivirla con responsabilidad y esperanza. María nos enseña a escuchar a Dios, a confiar plenamente en su voluntad y a caminar con fe aun en medio de la incertidumbre, sabiendo que Él guía nuestra historia.
En un mundo marcado por la violencia, la división y la indiferencia, el llamado a la paz es más urgente que nunca. Estamos invitados a ser artesanos de paz desde lo cotidiano, comenzando por nuestras familias, comunidades, escuelas y lugares de trabajo. La paz no es solo ausencia de conflicto, sino una forma de vivir que se construye con gestos concretos de respeto, justicia, perdón y solidaridad.
Como nos recuerda el Papa León XIV: «La paz es ante todo un don de Cristo, pero un don activo, apasionante, que nos afecta y compromete a cada uno de nosotros y que exige en primer lugar un trabajo sobre uno mismo. La paz se construye en el corazón y a partir del corazón…». Que estas palabras nos impulsen a revisar nuestra vida y a comprometernos con una cultura de paz que transforme nuestra realidad.
Que María Santísima nos acompañe durante este nuevo año, nos cubra con su protección y nos anime a caminar juntos como una Iglesia viva, cercana y comprometida con el bien común. A todos les deseo un Año Nuevo colmado de la bendición del Señor, de su paz y de su amor. Reciban mi afecto y bendición pastoral, concluyó.







