COLUMNA: Que si va, que si no va; La mesa esta servida para Maru

Las malas intenciones por obra de Dios o del diablo no siempre obtienen el objetivo de perjudicar al prójimo y por si esto fuera poco no faltan quienes -hasta con suerte- encuentran en ellas ese brillo de oportunidad.

Lo que arrancó como un escándalo en la sierra de Chihuahua —con ingredientes de serie: laboratorio clandestino, presunta intervención extranjera, un accidente fatal y demasiadas preguntas flotando— terminó por colocar a la gobernadora Maru Campos en el escaparate nacional.

Y eso que el Estado empezó con el pie izquierdo. Un error tras otro, luego otro. Pero como del plato a la boca…

Porque mientras el incendio parecía crecer a ras de tierra y así iba por buen camino para la oposición local, pero no falto el menso que decidió soplar de más las brasas y terminó por armar un escenario inmejorable en la política nacional.

El viejo adversario, el exgobernador que brincó de siglas como traidor rastrero en temporada electoral, acabó —sin proponérselo— dándole reflector.

En este negocio, seguramente ya se dio cuenta, quien tiene el micrófono tiene la voz y el público.

El caso del llamado “narco laboratorio” en la zona de El Pilar fue un efecto mariposa que sacudió mucho más lejos de la zona donde termina la cultura y empieza la carne asada.

Llegó a tal dimensión que el Senado —con más entusiasmo político que atribuciones formales— giró una “respetuosa invitación” a la mandataria estatal para explicar los hechos. Invitación con comillas bien marcadas, porque esa cortesía era más una invitación a cenar y ser la cena.

Y fue justo ahí donde Maru movió piezas que hoy generan debate: ¿jugada maestra o cálculo arriesgado? Primero, la creación de una comisión especial que tomará las riendas de la investigación, retirando presión directa al fiscal César Jáuregui, quien ya siente la hoja de la guillotina rozando sus aspiraciones rumbo al 2027.

Luego vino el silencio. ¿Un acuerdo implícito con Hartfuch ahora que nos visito hace unos días, a una reunión de menos de una hora, que sirvió para tomarse una foto bien sonrientes todo?

Entonces todo queda en tres pasos: bajar la intensidad, cerrar filas y administrar la información.

La orden que no se sabe si fue tácita o con palabras hasta ahora se siguió atentamente tanto por el entonces fiscal Cesar Jauregui como por el aún secretario de Seguridad, Gilberto Loya, conocido por su lealtad a la primera panista del estado.

Mientras tanto, en la capital del país el escenario tomó otro ritmo. Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum soltó una declaración que cimbró el tablero: dijo que la creación de la comisión pasó fuera de su radar y planteó un escenario de responsabilidades directas… Jáuregui o Loya. Por el momento, cayó Jauregui.

Queda sobre la mesa la posibilidad de que la gobernadora acuda al Senado, para un auténtico examen en vitrina nacional.

Aquí es donde la historia adquiere otro nivel. Este escándalo, con toda su carga, ha colocado a Maru Campos justo en el punto donde se construyen las candidaturas grandes. Y en un PAN que busca figuras con alcance nacional rumbo al 2030, varias miradas ya se posan sobre ella como una carta fuerte para competir en serio.

El guion resulta conocido: desde Chihuahua han surgido nombres que en su momento sonaron para la grande —Patricio Martínez, César Duarte, Javier Corral—, historias que alimentaron expectativas irreales, como puede esta ser pero como nadie sabe el futuro y todo gurú político tiene un 50% por ciento de acertar o equivocarse aquí no nos sustraemos.

Es decir: Ya varios lo han dicho y ella de que quiere, claro que quiere. Al tiempo.

Hasta mañana

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