Si alguien dudaba del talento político de Ariadna Montiel, la escena de este martes en Chihuahua merece entrar directo al archivo de las hazañas partidistas.
Porque no es poca cosa lograr que, al menos por unas horas, los grupos de Morena que se han dedicado meses enteros a lanzarse pedradas, indirectas y golpes bajo la mesa aparecieran en la misma fotografía, con gesto solemne y discurso condescendiente.
Una especie de misión imposible tropicalizada en el territorio de los cuatroteros juntar a los seguidores de Andrea Chávez y Brigitte Granados, identificados con el corralismo y el loerismo, con los cercanos a Cruz Pérez Cuéllar y el Consejo Estatal que encabeza Hugo González.
Todo ello bajo la bandera de exigir juicio político contra la gobernadora Maru Campos por el caso de los agentes estadounidenses que murieron en la zona de El Pinal, dentro del municipio de Morelos.
El tema fue presentado por Morena como un presunto atentado contra la soberanía nacional.
Sin embargo, la narrativa se topó con un muro jurídico interesante. El reconocido abogado Héctor Villasana explicó con claridad que los hechos ocurridos en Morelos no afectaron en absoluto la soberanía del Estado mexicano, alterar su forma de gobierno, comprometer la independencia nacional o favorecer una intervención extranjera.
Por el contrario, precisó que el objetivo del operativo fue desmantelar un centro de producción de droga sintética, una actividad criminal que representa una amenaza directa para la seguridad pública y para la salud de la población.
Villasana fue puntual al señalar que la presencia de agentes extranjeros en tareas de coordinación e inteligencia no configura, por sí sola, el delito de traición a la patria.
Para que esa figura jurídica pudiera existir tendría que acreditarse la intención de lesionar los intereses fundamentales de la nación, algo que, a su juicio, claramente no ocurrió. Lo demás, sentenció, es simple pirotecnia política.
Y en ese terreno Morena se mueve como pez en el agua.
Ariadna Montiel aprovechó el tema para convocar a una movilización y enviar un mensaje de fuerza interna.
Lo notable fue su escenografía. Ahí estaban Andrea Chávez y Brigitte Granados, distanciadas por el escenario pero unidas por los factores en común: Javier Corral y Juan Carlos Loera.
Por el otro lado Hugo y Cruz son uno solo; apenas días atrás habían aprobado un acuerdo para impedir que la dirigencia respaldara abiertamente a algún aspirante, en clara alusión al activismo de Brigitte a favor de Andrea.
La imagen tiene una gran dosis de ironía. Hasta hace apenas unas semanas, Loera cuestionaba públicamente a Pérez Cuéllar por los baches y deficiencias del gobierno municipal de Juárez. Corral, por su parte, insistía en etiquetar al alcalde como parte del “maruduartismo”. Y desde el Consejo Estatal se impulsaban medidas para frenar la cargada temprana hacia la senadora juarense.
Las diferencias son irreconciliables, no son discretas.
Son abiertas, frontales y, en algunos casos, francamente irreconciliables.
Por eso la fotografía de unidad tiene mérito propio. Ariadna consiguió lo que muchos consideraban improbable: hacer que todos tragaran orgullo, bajaran el volumen de sus diferencias y compartieran el escenario sin mayores sobresaltos.
Las heridas se mantienen abiertas. Las ambiciones rumbo a 2027 son inmensas. Los acuerdos internos no se resolverán hasta estallar a cierre de año.
Por un día lograron guardar las navajas en la bolsa para enfocarse en un adversario común.
Del otro lado, la respuesta del PAN fue inmediata y contundente. Daniela Álvarez salió a defender a la gobernadora Maru Campos y acusó a Morena de representar a los verdaderos narcogobiernos del país.
Pero además elevó el tono al asegurar que el partido guinda se quedó sin candidatos competitivos, pues sus figuras más visibles, Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar, enfrentan señalamientos de corrupción y presuntos nexos con grupos criminales. Incluso deslizó que no sería extraño que ambos terminaran con la visa suspendida por las autoridades estadounidenses.
Declaraciones de alto voltaje, sin duda, pero que también revelan el tamaño de la batalla que ya comenzó por la gubernatura de 2027.
Morena intenta proyectar cohesión pese a sus fracturas internas, mientras el PAN busca golpear a sus adversarios antes de que arranque formalmente la contienda.
Hasta mañana







