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Cuando baja el agua, quedan los hoyos: Juárez enfrenta calles rotas, drenajes desbordados y lodo tras las lluvias

Ciudad Juárez.- El agua comienza a retirarse, pero en distintos sectores de Ciudad Juárez queda otra imagen de la tormenta: calles abiertas, baches llenos de agua, tierra de arrastre, drenajes que brotan y el olor de las aguas residuales extendiéndose por varias cuadras. En la carretera Juárez-Porvenir, maquinaria pesada, pipas, trabajadores municipales y personal de la JMAS intentan recuperar una vialidad que por momentos parece más una zona de excavación que una avenida.

El recorrido por Juárez-Porvenir muestra la dimensión del problema. Hay tramos donde el pavimento prácticamente desapareció bajo el lodo y el agua; otros están reducidos a carriles improvisados mientras las cuadrillas trabajan alrededor de zanjas y redes de drenaje. Apenas el 2 de octubre, El Diario de Juárez documentó que el tramo entre Rivera del Lago y Rivera del Salado permanecía intransitable, con agua negra sobre una carpeta asfáltica severamente dañada. 

El problema no comenzó cuando dejó de llover. Desde el 22 de septiembre, el propio Gobierno Municipal reconocía que en Juárez-Porvenir las precipitaciones y el retorno de aguas residuales por alcantarillas habían deteriorado considerablemente la vialidad. La explicación oficial fue que durante las lluvias el drenaje sanitario se satura, el agua residual regresa a la superficie y permanece durante días sobre el pavimento; en algunos puntos, el daño ya era demasiado grande para resolverlo únicamente con bacheo. 

Ahora, Municipio y JMAS trabajan al mismo tiempo en el lugar. Durante el recorrido, el presidente municipal Héctor Rafael Ortiz Orpinel explicó que primero deben resolverse los problemas del drenaje y retirar el material arrastrado para después recuperar la superficie de rodamiento. La coordinación no es menor: reparar solamente el pavimento sin corregir antes la infraestructura sanitaria significaría correr el riesgo de que las siguientes lluvias vuelvan a destruirlo.

Pero Juárez-Porvenir es solamente una fotografía de un problema que se repite en otros puntos de la ciudad. En Riberas del Bravo, Talamás Camandari, Parajes y diferentes colonias, las lluvias han dejado inundaciones, hundimientos, socavones y vialidades deterioradas. Para el 25 de septiembre, Protección Civil estatal contabilizaba 248 incidencias relacionadas con las lluvias únicamente en Ciudad Juárez, entre inundaciones, vehículos varados, hundimientos, deslaves y otras afectaciones. 

Incluso antes de la última contingencia, el problema del drenaje ya daba señales de su magnitud. Entre enero y julio, la JMAS reportó 7 mil 231 atenciones relacionadas con alcantarillado, de las cuales cerca de seis mil correspondieron a alcantarillas tapadas o brotes de aguas residuales, además de 202 hundimientos en la red.  Las lluvias intensificaron esa presión sobre un sistema sanitario que, de acuerdo con personal de la propia Junta, recibe una carga adicional porque la ciudad no cuenta con una red pluvial suficiente para conducir toda el agua de tormenta. 

En la calle, las cifras se vuelven más simples: un conductor esquiva un hoyo y cae en otro; una familia atraviesa una vialidad cubierta de lodo; una alcantarilla devuelve agua que deja un olor difícil de ignorar; una máquina rompe nuevamente el pavimento para poder llegar al drenaje que está debajo. Es la rutina que han dejado semanas de lluvia en algunos sectores de la frontera.

Ortiz Orpinel ha reconocido que la afectación es compleja y que existen puntos donde ya no basta con tapar baches, sino que se requieren soluciones de mayor fondo. El Municipio dispone inicialmente de 20 millones de pesos para continuar con el programa de bacheo, con posibilidad de ampliar recursos si resultan insuficientes. 

Hoy, en Juárez-Porvenir, las máquinas ya están trabajando. El agua baja lentamente y algunos carriles empiezan a recuperarse. Pero la verdadera medida de la reconstrucción no estará en cuántas pipas o retroexcavadoras aparezcan después de una tormenta, sino en cuántos de estos puntos dejan de convertirse, cada vez que llueve, en calles inundadas, drenajes desbordados y nuevos hoyos que vuelven a empezar la historia.

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