Ha pasado una semana desde el Informe que rindió la presidente Claudia Sheinbaum por el segundo año del segundo piso de la 4ª Transformación y, hasta este momento, se mantiene fuera del discurso oficial la terrorífica realidad de las desapariciones forzadas en México, como si omitir un tema lo resolviera de facto.
Gran ironía. Metes el problema en una caja de indiferencia. Ahí nadie lo ve, por lo que no saben si aún persiste, si aún existe, si todavía es problema. Así la historia no lo registra.
Que gran analogía hicieron las lenguas viperinas con el experimento del gato de Schrödinger. Es muy conocido que la física cuántica considera que si metes a un gato en una caja, existe la posibilidad de que esté vivo y muerto al mismo tiempo, hasta que alguien abre la caja para comprobarlo.
Que casualidad. Sin quererlo, en la estadística la 4T aplica el mismo criterio cuando se habla de los homicidios dolosos, en el que se presume una disminución cercana al 37 por ciento respecto al máximo registrado en septiembre de 2024.
Pero qué pasa con las más de 130 mil personas registradas como desaparecidas o no localizadas en México, ¿Están vivas?
Y esa es precisamente la parte que resulta escalofriante. Detrás de cada número existe una familia que sigue esperando una respuesta, una madre que busca a su hijo, una esposa que pregunta dónde está su marido, un padre que sigue recorriendo oficinas, fiscalías y calles con una fotografía entre las manos.
Hay rumores, se dice, que actualmente el fenómeno de las desapariciones se disparó a cifras históricas, debido al contubernio del crimen organizado con el Estado, que ha facilitado desaparecer personas, lo que poco a poco ha estado minando la paciencia de la sociedad.
Por eso no es de extrañar lo sucedido hace unos días en Colima, durante un evento convocado y organizado por morenistas, con presencia y resguardo del Estado Mayor, donde un grupo de manifestantes increpó a la presidenta.
La respuesta presidencial fue un exabrupto que desdibujó la figura. “Así actuaban los “prianistas”, les dijo la Presidente que después les llamó infiltrados.
Si bien los manifestantes representaban una minoría en el evento, siempre existe la tentación de ponerle una etiqueta partidista. Resulta mucho más sencillo decir “son prianistas” que preguntarse por qué están protestando.
La caja donde tienen el tema de las desapariciones se abrirá en el remoto caso de que haya localizaciones, mientras tanto esas 130 mil personas están vivas y muertas a la vez.
Hasta mañana.







