El exalcalde de Chihuahua, Juan Blanco Saldívar, reunió ayer a todos sus subalternos y se despidió del puesto de encargado de casetas del Gobierno del Estado; recibió aplausos y cerró una etapa. Hubo en contraparte muchas muestras de afecto, reconocimiento y seguramente uno que otro emitió un suspiro.
Pero detrás de la escena queda una lectura política. A Juan Blanco le salió cara la indisciplina de mostrar abiertamente su respaldo al exfiscal César Jáuregui, en la contienda interna del PAN para elegir a quien les representará como candidato a la alcaldía en la capirucha.
Y es que, la number one del PAN en Chihuahua sigue siendo Maru Campos y parece haber decidido que para el proyecto electoral de 2027 deberá existir disciplina, coordinación y respeto a los acuerdos que se construyan desde la cupulas del partido.
La libertad política existe, por supuesto, pero dentro de una estructura partidista cada quien sabe perfectamente que sus decisiones también tienen consecuencias.
Quienes han trabajado en corporativos empresariales entienden perfectamente la lógica. Las estrategias generales se diseñan arriba y después bajan de manera coordinada a las diferentes áreas de una organización.
Cuando el proyecto fracasa, difícilmente se responsabiliza a los empleados de menor rango; la responsabilidad termina alcanzando a quienes toman las decisiones y conducen la estrategia.
Juan Blanco conoce perfectamente ese mundo. Durante buena parte de su trayectoria profesional estuvo relacionado con estructuras empresariales y sabe que resulta complicado trabajar para dos proyectos distintos al mismo tiempo.
Una cosa es tener preferencias personales y otra muy diferente formar parte de una estructura que está construyendo una estrategia colectiva.
Aquí aparece una historia que muchos jóvenes quizá desconocen, pero que estas Lenguas Viperinas recuerdan perfectamente. Juan Blanco tuvo su gran momento político por los años 2004 al 2007. Fue alcalde de Chihuahua y llegó a ser considerado la mejor carta con posibilidades reales para buscar la gubernatura.
Luego se vino un escandalo en su negocio de pizzas. Encontraron droga, no mucha, pero si la suficiente para que se hiciera toda una campaña en su contra. Trato de zafarse y denunció haber sido víctima de amenazas y linchamiento público. El escándalo terminó golpeando sus aspiraciones políticas y Mister Pizza decidió hacerse a un lado.
La historia tiene cierto paralelismo con el episodio judicial que años después enfrentó Maru Campos, al ser perseguida por el gobernador Javier Corral, que pretendía imponer a Gustavo Madero como sucesor. Lo cierto es que ambos conocieron de cerca lo que significa tener encima el peso de una persecución política y judicial, y quizá por eso resulta todavía más interesante observar cómo terminó cambiando el tablero.
Hoy Juan Blanco quiere participar. Y está en todo su derecho como panista. Puede simpatizar con César Jáuregui, puede tener su propia lectura del futuro del PAN y puede expresar públicamente sus preferencias. La libertad política está ahí.
Pero otra cosa es operar contra la estrategia de casa desde el interior de la casa. Es como si un empleado de Pizza del Rey (Que ya no existe) hiciera trabajos de publicidad en sus ratos libres en favor de Dominos. Eso no quiere decir que se haya erradicado la quinta columna de la estructura gubernamental que encabeza precisamente una gobernadora que está construyendo su propio proyecto rumbo al 2027.
Por otra parte, solo para cerrar aquí el capitulo de esta mañana. Quizá en ciudad Juárez no se haya leído con claridad lo que en la capital esta sucediendo.
En esta frontera se lanzó a Daniela Álvarez como la carta principal del panismo. Pero al parecer no le cacharon al anuncio que se hizo con el aval del CEN, ni en la rueda de prensa que fue hace dos semanas ni en la Asamblea.
Si, aún no hay candidatos, es cierto. Pero las lecturas son claras, al menos por el equipo que Maru encabeza: Santi va a la capital y Dani a esta frontera. Bonilla al Estado.
Tan-tan.
Hasta el lunes.







