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Llama la atención cómo las principales figuras de Morena, e incluso algunos panistas, están viendo hacia el horizonte lo que consideran un gran proyecto político, pero tienen bajo el brazo y por si las moscas, un Plan B.

Saben perfectamente sus ambiciones, casi una ruta predilecta, pero eso es una cosa y otra muy distinta es tener asegurado el boleto. Hay varios (Y varias, pa no desentonar la moda del lenguaje inclusivo) que se sienten muy amarraos, pero casi perdido en un bolsillo una liana emergente.

Ahí tenemos, para empezar, a Cruz Pérez Cuéllar, alcalde con licencia de Ciudad Juárez, a quien desde el Partido Verde ya le hicieron ojitos y hasta lo reconocieron como la figura que les gustaría llevar como candidato a gobernador.

Él ha dicho que irse por esa ruta no es opción, pero en política y en el mundo hay que aprender a observar lo que hacen y no lo que dicen las personas, y el buen Cruzito ya se dejo apapachar en gran evento con figuras nacionales del PVEM.

Ya tiene antecedentes de saltar del PAN a Movimiento Ciudadano y después de Movimiento Ciudadano a Morena. ¿Qué más da una rayita más al tigre?

Y si hablamos de Plan B, ahí está también Andrea Chávez, flamante senadora con licencia de Morena, quien ya encontró un nichito en el Partido del Trabajo por si Morena decide que su encuesta no le favorece.

Porque en el PT, tanto Lily Aguilar como la dirigencia estatal ya se abrieron completamente a su favor, aunque esto genere rupturas familiares. El detalle es que el plan está medio flaco. Porque ni el PT ni sus figuras, por sí solos, tienen la misma plataforma política para ser una opción real con alcances de ganar elecciones.

Cruz y Andrea se pueden presumir populares pero no hace falta ser un genio para saber que en Juárez y en el Estado la marca MORENA es la que tiene peso.

No se desmiente que estas figuras tienen un valor agregado, sí, pues han adquirido dotes y estructura con los años pero buena parte de ese valor viene de la marca que los cobija. Sin Morena, sus atributos son casi nulos.

Por la cancha de los pitufos hay tela de donde cortar.

La salida de Alejandro Jiménez del PAN es un buen ejemplo. Después de acudir al informe del segundo año del llamado Segundo Piso de la Cuarta Transformación, allá en la Plaza de la Mexicanidad, donde por cierto se le vio bastante cómodo entre morenistas, la dirigente estatal panista, Daniela Álvarez, anunció que promovería su expulsión.

Y Jiménez le hizo el favor completito. Esta misma semana presentó su renuncia al PAN y ahora se ostenta como regidor ciudadano. Con ello, Acción Nacional termina perdiendo presencia partidista en el máximo órgano del Ayuntamiento de Juárez: el Cabildo.

Dicen, así dicen, que poco tardaría en sumarse a la planilla de Cruz si es que sale favorecido. Son compas, de allá de los tiempos en que el alcalde con licencia era todo un líder en la aldea pitufa.

Hay antecedentes de esto con otras figuras de menor calado. Ahí está Óscar Berumen, quien en algún momento fue señalado como uno de los operadores azules de estructura en el Distrito 5 local y que terminó incorporándose a Morena. También está Job Quintín, quien tuvo su paso por las estructuras juveniles panistas y que igualmente terminó cambiando de camiseta.

Parece evidente es que los límites ideológicos en la política chihuahuense cada vez están más borrosos. La izquierda, la derecha, los colores y hasta aquellas viejas convicciones parecen estar cediendo terreno frente al pragmatismo político.

Por cierto, no me crean mucho, pero anda fuerte el run run que hoy se definirá si es Andrea o Cruz, compren palomitas.

Hasta mañana.

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