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¿En el pecado llevan la penitencia?

Tuvieron que ser los propios empleados del IMSS quienes se manifestaran en exigencia de medicamentos, material médico e insumos básicos para atender a los derechohabientes. Ni como negar que algo esta muy mal para que la misma fuerza laboral del Seguro Social suspendieran actividades, tomaran edificios y marcharan en las principales ciudades del país.

Lo más sorprendente es la insistencia del Gobierno federal en minimizar una problemática que los de adentro están poniendo sobre la mesa.

Denuncian que compran de su bolsillo desde cubrebocas, jeringas y hojas para notas médicas, hasta instrumentos indispensables para revisar pacientes. Faltan reactivos de laboratorio, especialistas y personal para cubrir ausencias.

Si los de adentro sufren, imaginemos a los pacientes. Porque es bien sabido que para que uno vaya a someterse al calvario de la atención medica de esa institución se debe estar de plano mal o tener una de esas enfermedades cuya atención quiebra cualquier economía familiar.

Así pues el derechohabiente esta imposibilitado para actuar masivamente, primero porque o esta enfermo o trabajando, no hay más. Los patrones, cumplen con la norma y pagan, que no es poca cosa, pero hasta ahí.

Los denunciantes se quejan de urgencias saturadas, camillas insuficientes y pacientes que esperan horas, incluso días, para recibir atención. Las citas con especialistas pueden tardar seis meses o más.

En tanto, el personal enfrenta jornadas extenuantes y los derechohabientes cargan con las consecuencias. Sin insumos, personal e infraestructura, la atención digna se convierte en una promesa imposible de cumplir.

También hay que reconocer algo, que no es por joder a los manifestantes pero algo de culpa tienen, no ellos sino el sistema de sindicalizados.

Ajá, pues ¿en el pecado llevan la penitencia? Porque durante décadas, la sociedad mexicana toleró el deterioro de sus instituciones de salud, con clínicas envejecidas, equipos obsoletos e inversiones insuficientes.

¿Cuanto del presupuesto se llevan las estructuras sindicales y las condiciones laborales privilegiadas que históricamente han caracterizado a ciertos sectores del servicio público?

La crítica debe servir para corregir, porque los trabajadores merecen condiciones dignas y los pacientes merecen atención de calidad. Ambos derechos deben caminar de la mano.

¿Y qué pretende el Gobierno federal? La desaparición del Seguro Social parece lejana, sobre todo cuando se anuncian nuevas inversiones y proyectos hospitalarios.

El verdadero reto consiste en hacer funcionar esa infraestructura con medicamentos, especialistas, equipos y personal suficiente. Los sistemas alternativos de salud también han mostrado sus limitaciones frente a las necesidades de una población que requiere un servicio médico sólido y permanente.

En Chihuahua todavía falta claridad sobre los acuerdos y las soluciones concretas para los trabajadores. Y mientras las autoridades se ponen de acuerdo, derechohabientes y empleados quedan atrapados en el mismo problema. Las protestas pueden complicar la atención, pero también exhiben una realidad que merece respuestas inmediatas.

Al final, como suele ocurrir, el pueblo paga los platos rotos.

Hasta mañana.

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