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¿Esperanza de unidad… o ceguera de taller?

Desde la Ciudad de México pueden decir que los aspirantes a ser candidatos de Morena al Gobierno del Estado de Chihuahua caminarán juntos rumbo al 2027, una vez que pasen los tiempos de definiciones.

Ariadna Montiel, dirigente nacional de Morena, así lo ha planteado. Habrá que concederle solamente que así lo cree y por eso lo dice, porque todo parece indicar que no serán capaces de tragarse los sapos que se vienen engendrando sin tener la delicadeza de hacerlo por debajo de la mesa o discretamente.

Aquí, cerca del territorio, la fotografía nos arrojan heridas que no sanarán en poco tiempo y que de hecho ya sembraron rencores que no se subsanarán con premios de consolación o promesas de incorporación. Al tiempo.

Por mientras cada grupo parece estar compactando lo suyo, cuidando sus fichas, midiendo adversarios y, de paso, buscando la manera de debilitar al de enfrente. La unidad partidista parece estar funcionando como cuando tratas de juntar dos imanes por el mismo polo. Se repelen, inexorablemente.

La más reciente señal se hizo presente en los módulos de revocación de mandato que se tienen instalados en distintos puntos de esta frontera.

Muy ufanos y sin el menor pudor, el mismo día se apersonaron a firmar integrantes del equipo de Juan Carlos Loera y Andrea Chávez, y atizarle al fuego con miras a tumbar el gobierno del alcalde con licencia Cruz Pérez Cuéllar.

Las lenguas viperinas no se pasan la píldora de que esa gente se manda sola. Es obvio que siguen consignas y no tuvieron el menor empacho en que Jesús Salaís -promotor de la iniciativa- les festejara en público su respaldo.

Pues a esta fecha ya se hablaba de alrededor de 10 mil firmas, de las poco más de 63 mil que se deben recabar para dar paso al ejercicio electoral que pudiera dar pie a la revocación.

Y si a eso se agrega que Javier Corral -Que abiertamente apoya a Andrea Chávez, aunque le abone poco- no ha desaprovechado oportunidad para hablar pestes de Cruz Pérez Cuéllar a pesar de que ambos provienen de una misma época panista y hasta son compadres.

Además, la dirigencia estatal de Morena encabezada por la prima de Juan Carlos, Brigite Granados, ha dejado patente por dónde masca la iguana al acudir a eventos donde el mensaje de unidad es de una fracción, no de un todo.

Ahora si, a cada grupo le gusta mirar sus propios números, su propia estructura, sus encuestas y sus simpatizantes. Cada quien está convencido de que su candidato tiene más fuerza de la que realmente tiene y, en consecuencia, suele mirar al adversario interno como si fuera el principal problema.

La mala noticia para Cruz Pérez Cuéllar o Andrea Chávez es que sus nombres y estructuras por si solos pintan muy poco, porque lo que pesará en la elección será lo que MORENA y la 4T han construido mediante una amplia estrategia de marketing y clientelismo.

De acuerdo con cifras difundidas desde la propia Cuarta Transformación, más de dos millones de chihuahuenses reciben algún tipo de beneficio mediante becas, pensiones y programas sociales, con una derrama económica cercana a los 29 mil millones de pesos.

Por eso resulta hasta cierto punto ingenuo que los grupos internos se desgasten tanto intentando demostrar quién tiene más votos propios. Quizá deberían preguntarse cuántos votos tienen cuando se les quita la etiqueta de Morena.

Porque si Morena consigue ponerse de acuerdo, compactar sus equipos y evitar que las diferencias internas se conviertan en una ruptura, puede convertirse en un adversario muy serio para el PAN.

Pero si la disputa por las candidaturas termina rompiendo al partido, entonces Cruz Pérez Cuéllar podría convertirse en una pieza incómoda para todos. Incluso todos saben que su plan B  se encuentra en el Partido Verde Ecologista.

Hasta mañana.

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