Ciudad Juárez avanza en infraestructura urbana con nuevas avenidas, plazas y proyectos de modernización; sin embargo, para quienes se desplazan a pie, todavía existen importantes pendientes en materia de seguridad, accesibilidad y movilidad peatonal.
Mientras la ciudad continúa expandiéndose y transformando distintos sectores, miles de juarenses enfrentan diariamente dificultades para cruzar avenidas de alta circulación, caminar por banquetas en condiciones poco adecuadas o trasladarse de un punto a otro sin contar con infraestructura diseñada realmente para el peatón.
Uno de los principales retos es la falta de cruces peatonales seguros, accesibles y libres de obstáculos, especialmente en vialidades donde el flujo vehicular es constante.
Un ejemplo de esta problemática se encuentra en la avenida Teófilo Borunda, una de las vialidades importantes de Ciudad Juárez. Durante años, quienes necesitaban atravesar esta zona tuvieron que enfrentar condiciones poco favorables para realizar el cruce de manera segura.
Fue hasta el 23 de marzo de 2025 cuando concluyó la construcción de una infraestructura destinada a mejorar las condiciones de cruce para los peatones en este sector, representando un avance para quienes diariamente utilizan esta vialidad.
Sin embargo, la obra también ha generado cuestionamientos respecto a la manera en que fue colocada y las condiciones que quedaron alrededor de la infraestructura.
Actualmente, algunos peatones señalan que el cruce no terminó de resolver completamente las necesidades de movilidad en la zona, debido a que la propia banqueta presenta diferentes obstrucciones que dificultan el paso de las personas.
Entre ellas se encuentran señalamientos colocados sobre el espacio destinado al tránsito peatonal, lo que reduce el área disponible para caminar y obliga, en determinados puntos, a los peatones a esquivar obstáculos mientras utilizan la banqueta.
A esto se suma la presencia de señalización relacionada con el estacionamiento de una plaza comercial ubicada en el sector. En el lugar se indica que no se permite estacionarse dentro de la plaza si la persona no es consumidora, un señalamiento que también forma parte del entorno inmediato por el que deben desplazarse los peatones.
Otro punto que ha llamado la atención es uno de los señalamientos de cruce peatonal, el cual se encuentra prácticamente rodeado y enredado entre cables de electricidad. Esta situación genera cuestionamientos sobre la planeación y coordinación de los trabajos realizados en el área.
De acuerdo con las observaciones realizadas en el sitio, parte de esta instalación quedó de esta manera después de los trabajos relacionados con la colocación del puente peatonal, dejando elementos de infraestructura y cableado que afectan la imagen urbana y, principalmente, generan dudas sobre las condiciones de seguridad y accesibilidad para quienes utilizan el cruce.
El problema no solamente está en construir un puente o colocar un señalamiento; la infraestructura peatonal debe funcionar como un conjunto. Un cruce seguro pierde parte de su utilidad si para llegar hasta él el peatón debe enfrentarse a banquetas obstruidas, señalamientos mal ubicados, cableado o espacios reducidos.
Para los juarenses que caminan, una ciudad moderna no solamente significa contar con calles amplias, nuevas vialidades o espacios comerciales renovados. También implica disponer de banquetas continuas, accesibles y libres de obstáculos, cruces seguros, señalización adecuada, iluminación y espacios diseñados pensando primero en las personas.
El crecimiento urbano de Ciudad Juárez representa una oportunidad para replantear la manera en que se diseñan y ejecutan las obras públicas y privadas. No basta con construir infraestructura; también es necesario revisar cómo funciona una vez que está terminada y si realmente responde a las necesidades de quienes la utilizan.
La movilidad peatonal continúa siendo uno de los grandes pendientes de la ciudad. El desafío no es detener el crecimiento de Juárez, sino conseguir que ese crecimiento sea ordenado, accesible e incluyente.
Porque una ciudad que crece no solamente debe preguntarse cuántas calles, avenidas y obras puede construir, sino qué tan segura, accesible y digna es para quienes las recorren a pie.







