Cuando un amigo mencionó que en estos momentos la 4T pasa por un momento de pasteurización, a partir del cual Claudia Sheinbaum tiene la gran oportunidad de sacudirse las remoras del Macuspano, lo escuche con escepticismo.
Luego me explicó que en estos momentos la Presidente (con e) esta en el intrincado de tomar una decisión muy fuerte, histórica, basada en los restos de lealtad que puede quedarle en su corazón, lealtad que fue su carta fuerte para recibir la unción del mesías.
Entregar a ese grupo de narcopoliticos a la justicia americana, a sabiendas que si no lo hace con la mano en la cintura el gobierno de Trump puede y vaya que lo ha demostrado sustraerlos al estilo operación Venezuela.
La ventaja que tiene la señora de Palacio Nacional es que el concepto de lealtad, por ser abstracto, se encuentra tan distorcionado que con toda facilidad puede estirarse o doblarse para ajustarse a una nueva narrativa.
Tiempos modernos, lo abstracto no se comprende bien, me dijo.
Por lo que regresamos a la palabra: Pasteurización es un proceso que eleva la temperatura lo suficiente para depurar, estabilizar y conservar.
Bajo esa lógica se encadena la licencia de Rubén Rocha Moya, la presión externa y la respuesta política que se despliega desde el centro del poder.
Sacar a Rocha del Gobierno (Porque no se fue por gusto) abre una secuencia que rebasa lo local. Las señales provenientes de Estados Unidos colocan el tema en otra escala y obligan a un manejo cuidado, casi casi quirúrgico.
El caso se alejó a una velocidad vertiginosa de la esfera estatal y se inserta como dardo en la agenda nacional sin saque de los actores que ayer aplaudían un juicio sin pruebas contra la gobernadora Maru Campos por el caso de El Pinal.
Pero ahora todo son las pruebas, sin pruebas nadie se mueve, la voz se acorta y los ceños se fruncen.
Morena activó su mecanismo de control y resuelve el relevo sin dilación.
La meserita Geraldine Bonilla asume la gubernatura con su línea clara y de librito: continuidad, orden y estabilidad. La transición se ejecuta con rapidez y envía un mensaje directo sobre la capacidad de operación de este movimiento pero los roces son claros y el riesgo de que esto reviente cada vez es más cercano.
Sinaloa se convierte en referencia. En ese contexto, Sheinbaum repite la palabra pruebas, pruebas, pruebas casi una veintena de veces en sus mañaneras. Su exigencia finge un estándar hacia el exterior y busca sostener una narrativa de rigor leguleyo en medio de la presión.
Mientras tanto, la operación política avanza. Las decisiones se toman con rapidez, las piezas se acomodan y el sistema quiere mantenerse en control.
Sheinbaum trata de dirigir esta fase con un sello propio y no duda en voltear hacia donde se encuentra el macuspano. El no me voy solo de Rocha debe retumbar en su ánimo, así como la otra palabra del momento que le definirá como la presirvienta o la mujer fuerte del régimen.
Marca distancia en el discurso y conserva la estructura que sostiene al proyecto. La vieja guardia mantiene presencia con menor exposición, mientras nuevos perfiles ocupan posiciones clave para asegurar el equilibrio político.
Sinaloa funciona como su laboratorio.
¿Va la pasteurización? ¿Quienes se quedan y quienes se van?







