Conforme pasan los días, parece más complicado que se concrete una verdadera fusión de equipos entre la izquierda radical de los “puros”, donde militan Juan Carlos Loera y Andrea Chávez, y el impresentable Javier Corral —que de “puro” tiene lo que un político tiene de monje tibetano— con la Coordinación Estatal para la Defensa de la Soberanía que encabeza el pragmático y operativo alcalde con licencia de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar.
Y hay dos hechos del fin de semana que nos sirven de laboratorio de prueba. El primero fueron las expresiones de Javier Corral contra la designación de Cruz, en una postura que se suma a la de Marx Arriaga—y a voces vinculadas al Partido del Trabajo—, donde el cuestionamiento trasciende la persona del juarense y alcanza directamente la posibilidad de consolidar el proyecto de la Cuarta Transformación en el estado de Chihuahua.
El segundo episodio fue el llamado “juicio ciudadano” contra Cruz Pérez Cuéllar, una manifestación que elevó varios decibeles la disputa interna. Ahí aparecieron incluso algunas gorras y playeras con el nombre de Andrea Chávez. Y cuando en una contienda interna aparecen insultos como “ratón Pérez” y máscaras de marrano, queda claro que la temperatura política ya brincó el límite de la cordialidad por mucho.
Desde Lenguas Viperinas hemos dado cuenta de esta contienda morenista, donde las tropas se han enfrentado como auténticos combatientes, pero hasta ahora habían mantenido ciertos criterios de respeto sobre todo cuidando no mostrar un mayor descaro de los orígenes de la guerra de lodo que se presentó, si, pero la sangre no había llegado al río.
Lo ocurrido el sábado cambia el escenario y hace pensar que, si la ruptura todavía no se consuma, ya está tocando la puerta.
Por eso aquel llamado de la dirigencia nacional a la unidad, que Cruz Pérez Cuéllar hizo suyo, parece haber caído en tierra poco fértil.
El anuncio de que Cruz buscaría el diálogo con Andrea suena, por ahora, como un grito en el desierto. Aunque quienes conocen al alcalde con licencia saben que su pragmatismo político difícilmente le permitirá cerrar todas las puertas. Podrá dejar abierta, cuando menos, la posibilidad de una tregua.
Y ahí está precisamente la pelea: quienes buscan doblarle los brazos quieren que Cruz defina desde ahora quiénes serán los integrantes de su gabinete y de su eventual equipo de campaña.
Le espetan en la cara, además, que en la Presidencia Municipal haya —según sus críticos— mucho expanista, expriista y experredista, y apenas uno que otro morenista.
El problema para los que pretenden imponer condiciones es que Cruz Pérez Cuéllar ya está jugando otra partida. Una donde la unidad puede ser conveniente, pero donde también sabe que, en política, las treguas sirven para ganar tiempo y las puertas abiertas para evitar que una guerra interna termine incendiando toda la casa.
Lo malo es cuando los del equipo de enfrente tienen antorchas encendidas y un ánimo piromaníaco basado en la experiencia; Si de un río revuelto hay ganancia de pescadores, de una casa en llamas el ánimo de rescatar las cosas de valor puede terminar en la extinción de los que ahí habitan.
Esta es una de las mayores apuestas que tiene el PAN para no solo tener posibilidades mayores de refrendar el Gobierno del Estado, sino parte de la plaza de ciudad Juárez.
Cómprese palomitas de maíz, la película se va a poner buena.
Hasta mañana.






