La gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, se dejó ver en Ciudad Juárez arropada por la plana mayor del panismo local, en un encuentro disfrazado de comida en un restaurante chino, pero que tuvo más de operación política que de sobremesa.
La líder estatal del PAN Daniela Álvarez, el dirigente municipal Ulises Pacheco y más de una decena de personalidades pitufas compartieron los sagrados alimentos con la gobernadora, mientras que unos menospreciados que se sentían importantes al amparo del venido a menos Oscar Ibañez, solo pudieron ver desde fuera,
Luego más tarde, ya en terreno partidista y aunque en condición reservada, dentro del Comité la gobernadora subió el volumen político y, sin rodeos, “barrió y trapeó” —como dirían en el argot local— con el alcalde juarense, Cruz Pérez Cuéllar.
La acusación fue haber abandonado a Ciudad Juárez en aras de sus ambiciones políticas. Un señalamiento que no es menor en una frontera que históricamente ha resentido el olvido institucional. Campos no solo lanzó la crítica, sino que prometió algo más: compensar ese abandono con mayor calidez política e inversión desde el gobierno estatal.
Luego añadió: Juárez no está sola y tampoco está en manos de cualquiera.
Uno que otro que también anda medio acelerado por el 2027 se voltearon a ver y disimuladamente miraron el piso.
Ya hablando de temas de previsiones políticas, se presumió que el PAN en Ciudad Juárez presume ya tiene el 100% de sus representantes generales. Traducido al lenguaje de campaña, significa estructura armada y logística aceitada antes siquiera de que arranque formalmente el proceso.
Pero si algo generó ruido —y no precisamente menor— fue la presencia de Gil Loya, el llamado “capitán Centinela”. El aún Secretario de Seguridad ocupó un lugar protagónico junto a figuras como Pacheco y Álvarez, compartiendo mesa con la propia gobernadora. El mensaje fue tan claro como incómodo para algunos: Loya está en la contienda.
En política, las invitaciones dicen más que los discursos. Y si alguien es convocado a una reunión de este calibre en Juárez, con la venia de la gobernadora, su aspiración tiene sustento.
La fotografía final es reveladora. Un PAN juarense con estructura completa, con piezas moviéndose en sincronía y con dos nombres —Bonilla y Loya— que empiezan a marcar el ritmo interno.
Maru Campos, por su parte, cerró con el mensaje clásico pero necesario: unidad. Llamó a dejar de lado diferencias internas para asegurar la continuidad del PAN en Chihuahua. Hay líneas trazadas y tiempos corriendo, a ver quien se las salta.








