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Los periodistas nazis de AMLO

Ayer reapareció públicamente Andrés Manuel López Obrador, a quien por alguna razón desde Palacio Nacional siguen llamando presidente, para presentar su nuevo libro y, de paso, dejar varios temas sobre la mesa.

Entre ellos reconoció que dentro de su movimiento existe corrupción y pidió a los morenistas dejar de robar. Vaya novedad en una transformación que durante años convirtió el combate a la corrupción en una de sus principales banderas.

Si bien era posible que siguiera negándolo y sacase los dientes por enésima vez para acusar a la oposición de mentirosa y teatrera, prefirió ya finalmente dejar el cinismo hueco y aceptar lo obvio.

A nuestras lenguas viperinas llamó mucho la atención otra referencia a los medios de comunicación.

Ya antes ha sido violento hacia el mensajero, pero lo que fue ayer parece fuera de toda proporción, porque dejo de ser la derecha o conservadurismo, ahora el tema llegó hasta el nazismo.

Con todas sus letras López Obrador acusó a algunos de recurrir a prácticas que calificó como neofascistas y comparó determinados comportamientos con prácticas estilo Paul Joseph Goebbels de los tiempos de Adolf Hitler.

La crítica a los medios, por supuesto, es legítima y hasta sana cuando tiene argumentos más allá de la incitación al repudio público. Pero no se fue contra de los argumentos que se ventilan en ellos, sino contra el ejercicio mismo del medio.

Porque críticos han existido siempre. Los hubo contra el PRI, contra el PAN, contra Movimiento Ciudadano y ahora los hay contra Morena.

Algunos tienen líneas editoriales claramente definidas y otros procuran mantener una posición distinta. Eso forma parte del pluralismo, de la libertad de expresión que tanto se busca censurar hoy en día. Sí, esos mismos que tomaron el Zocalo y los utilizaron en su momento para difundir sus criticas, ahora los están sintiendo incómodos.

Antes periodistas como Aristigui que les acomodaban requetebién, ahora son traidores y nazis. Era vista como la paladina de la libertad, pero ahora es una vocera de la derecha, dijo AMLO.

La fórmula ya se conoce en otras latitudes, donde se instalan dictaduras, y que responden a las investigaciones periodísticas descalificando a quién la pública, en lugar de responder a sus datos, documentos y argumentos.

Porque no se puede esconder el sol con un dedo. Hay asuntos que merecen explicaciones.

Hay señalamientos bien fundamentados sobre familiares, colaboradores y personajes cercanos al poder que han colocado sobre la mesa preguntas relacionadas con patrimonio, contratos, viajes, relaciones políticas y posibles conflictos de interés.

Cada caso debe probarse, investigarse y responderse por las vías correspondientes, porque eso debe quedar claro, los reportajes que evidencian delitos o corrupción no son suficientes para meter a alguien a la cárcel, pero si pueden ser puntos de partida para investigaciones judiciales.

Si el señalamiento es falso, se rebate con información; si es impreciso, se corrige; y si constituye un delito, se denuncia. Llamar nazi al periodista aporta algo más que riesgos.

Los periodistas no suelen tener escoltas, estructuras de seguridad ni grandes aparatos para defenderse cuando una figura pública de enorme influencia pone en duda su trabajo y lo expone al riesgo de sus fanáticos, seguidores y lamebotas.

Hasta mañana.

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