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Una bendición con costo político

Ocasionalmente, la mala fortuna destapa acciones u omisiones que se cobran caras en las urnas. Las recientes lluvias que se presentaron en Ciudad Juárez, con su mayor manifestación durante el inicio de semana, dejaron al descubierto muchos problemas.

Mala calidad de pavimento, hundimientos, diques colpasados, deslaves, colonias inundadas, drenaje brotando, baches que parecen cráteres lunares, alcantarillas sin tapa o con fierros que truenan neumáticos e inundaciones de calles y hasta sectores completos.

Todo ello derivo en la suspensión de clases martes y miércoles y hasta el jueves, ausentismo laboral, daños en escuelas, daños patrimoniales a particulares, etcétera.

Una de las zonas más afectadas fue el suroriente, precisamente donde se concentra una parte importante de la fuerza laboral de la industria maquiladora.

Las autoridades tuvieron la obligación de responder ante una contingencia, desde la esfera municipal y estatal. Hicieron un esfuerzo institucional de coordinación, cosa que es sencilla pero no muy del agrado de bandos políticos antagónicos.

Sin embargo, resulta imposible evitar que la ciudadanía vea una ciudad hecha un desastre y no lance una mirada acusatoria a sus autoridades más inmediatas.

Aprovechando esto, comenzaron algunas corrientes opositoras a señalar al alcalde con licencia Cruz Pérez Cuéllar como responsable de buena parte de este escenario caótico.

La neta, en un análisis estrictamente de responsabilidades públicas, no todo recae sobre el alcalde, siendo justos.

Lo malo es que las explicaciones técnicas suelen competir contra la naturaleza. Al ciudadano le vale a quien le toque haber prevenido el problema, él necesita quien responda por el neumático que se le daño, quien resuelva el hundimiento de la calle o la inundación.

Esto es caldo de cultivo fabuloso para coscorronear a quien se fue y dejo cuentas pendientes.

Claro que el problema del alcantarillado y buena parte de la infraestructura hidráulica corresponden al ámbito estatal, particularmente a la Junta Municipal de Agua y Saneamiento.

También hace falta un proyecto integral para resolver de fondo el drenaje pluvial de Ciudad Juárez.

Ese es justamente el punto: durante décadas las autoridades han tenido la fortuna de que aquí llueva poco y, aprovechando esa circunstancia, el problema se ha ido pateando hacia adelante. Por este asunto han pasado gobiernos panistas, priistas, independientes y ahora morenistas, y cuando Dios se acuerda de bendecir esta tierra con agua, la ciudad vuelve a mostrar las mismas heridas.

Con los baches ocurre algo parecido. El inexistente drenaje pluvial y la mala condición de las calles son problemas que conocen perfectamente quienes han gobernado esta frontera.

Lo malo es que una obra de drenaje tiene una peculiaridad poco atractiva para la política: queda enterrada. Se inaugura con una precaria fotografía, y después nadie la ve.

Y no es por nada, pero quienes más le están atizando en contra de Cruzito son las corrientes internas que encabezan Andrea Chávez y Juan Carlos Loera, quienes ya encontraron en el desastre urbano un argumento para cobrar facturas.

Por cierto, seguimos esperando conocer oficialmente qué pasó con aquella encuesta mediante la cual Morena definiría a su candidato o coordinador estatal. Se dijo que el resultado se conocería ayer, pasó el día y, hasta ahora, seguimos igual: sin candidato, sin anuncio y con la pregunta flotando en el ambiente. Quizá también se inundó la encuesta.

Hasta el lunes.

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