Ciegos, sordos y hasta mudos se quedaron este fin de semana varios de los principales liderazgos del PAN en Chihuahua, luego de la detención de César Jáuregui Moreno por distintos delitos del fuero estatal y que están relacionados con la presencia de agentes extranjeros en el desmantelamiento de un narcolaboratorio en el Municipio de Morelos en abril del 2025.
El exfiscal es un panista de cepa, en su curriculum dentro de la aldea pitufa se cuentan muchos años de funcionario público, diputaciones y hasta hace un año y medio era una de las cartas que sonaban para representar al PAN en la capital.
Pero sucedió lo de El Pinal.
La historia es larga, pero se puede resumir en una frase: Se ensució en lo más limpio, puso en apuros a la gobernadora y no supo resolver una crisis que aún ahora tiene a la izquierda cuatrotera pidiendo sangre azul.
Daniela Álvarez, dirigente estatal del partido y probable aspirante a la alcaldía de Juárez, desaparecida; Ulises Pacheco, mandamás del panismo fronterizo, sin palabras. El líder del PAN en chihuahuitas tierras, Cesar Komaba, apenas atinó a decir que carecía de opinión.
Hay que reconocer que muchos están decepcionados y prefieren guardar silencio, pero hay otros panistas que observan el asunto desde la barrera con una sonrisa difícil de disimular.
Para ese sector, la disciplina partidista también tiene límites y el cobijo de los poderosos no es patente de corso. Si alguien decide enfrentarse con la primera panista del estado, cuestionar su liderazgo y desafiar las reglas de la casa, tarde o temprano puede descubrir que las facturas políticas también se cobran.
La llamada justicia a secas se ha de sentir como un balde de agua helada y ahora a César le toca responder, con independencia de los apellidos, los cargos y las amistades.
Hoy Jáuregui está en manos de la justicia federal y deberá defenderse de los señalamientos que pesan en su contra, entre ellos una acusación que ha colocado el caso bajo los reflectores nacionales. Un expediente de consecuencias históricas, con la presunción de inocencia como principio obligado y los tribunales como última palabra.
Traición a la patria. Desde la época independentista esa palabra no se escuchaba tanto. En aquellos tiempos paradójicamente fueron héroes nacionales los que fueron señalados como culpables de semejante afrenta y fusilados varios de ellos.
Pero regresando a la actualidad. Jáuregui “El Malo” como se le conoce en el PAN, no le midió a los desencuentros con el grupo que encabeza Maru Campos y se alió a personajes que alguna vez disfrutaron las mieles del poder y después terminaron distanciados de la cúpula y socarronamente se fueron echando pestes de quien en algún momento les dio la confianza de unirse al equipo.
Ahí está el Pony Lara, cuya salida de la escena política quedó marcada por el escándalo relacionado con un desfalco en los ahorros de los diputados en el Congreso del Estado, un episodio que tuvo consecuencias trágicas.
También figuran Félix Martínez y René Sotelo, nombres que en algún momento caminaron cerca de los círculos de decisión y que hoy aparecen en otra posición dentro del tablero. De Sotelo se comenta que participa en la estrategia de comunicación alrededor del caso Jáuregui. En política, las lealtades suelen durar lo que dura el poder, y los viejos aliados pueden convertirse en los más incómodos recordatorios de las cuentas pendientes.
Por lo pronto, la aldea pitufa está que arde. Los silencios dicen tanto como los discursos, las sonrisas se esconden detrás de los comunicados y cada quien comienza a calcular cuánto le puede costar pasarse de lanza.
Hasta mañana.







