En Chihuahua ocurrió un fenómeno digno de estudio científico, filosófico y hasta teológico. De pronto, por obra y gracia de una declaración desafortunada de la líder pitufa estatal Daniela Álvarez, buena parte de la izquierda local descubrió que un bebé en camino, merece respeto, consideración y protección.
¡El derecho a la vida!
Durante años han defendido el aborto como un derecho único de la mujer en gestación, porque el feto no es una persona, no posee personalidad jurídica y su condición humana aún no se configura, muchos dicen que eso ocurriría hasta el momento del nacimiento.
Pero, milagro de la demagogia: Bastó que la dirigente estatal del PAN recomendase a la senadora con licencia Andrea Chávez que evite cruzar a El Paso, para que no vaya a tener un disgusto y que no fuera que eso provocase que se le adelantara el parto.
¡Anatema est! Esto provocó que legiones enteras de defensores de la dignidad del bebé por nacer, pero todos zurdos, de una izquierda progresista y feminista, de esos que dicen que un aborto es una interrupción de embarazo, una interrupción que no se puede reanudar.
Hay que reconocer que las declaraciones de Daniela fueron innecesarias, imprudentes y poco compatibles con la prudencia que debería tener una dirigente de un partido que presume raíces humanistas. No era necesario meter un embarazo en una discusión política.
Pero tampoco se necesita convertir una torpeza verbal en el centro del universo.
Porque entonces aparecieron Cuauhtémoc Estrada, Juan Carlos Loera, la propia Andrea Chávez y varios más denunciando violencia política de género, mientras al mismo tiempo terminaban reconociendo implícitamente aquello que durante años han intentado relativizar: que hay un ser humano en gestación en el vientre de la aspirante a la gubernadora de Chihuahua, cuya existencia es humana e invaluable.
Si hablar del bebé constituye una agresión porque se está refiriendo a una persona en formación, entonces están aceptando precisamente la dimensión humana que tantas veces niegan cuando discuten otros temas.
Otro tema espinoso que ya habíamos notado, como rapaces que somos: Ya van varias veces que entre mujeres se etiquetan como violencia política de género, ósea ¡violencia de género entre mujeres, que se odian por el hecho de ser mujeres!
Y por si faltaba sazón para este caldo de verano, desde el exilio europeo reapareció Luz Estela Castro con una carta abierta para regañar a Daniela Álvarez desde una superioridad moral que sólo en su cabecita existe. Cómo si ya todos hubieran olvidado el famoso cochinero judicial que seguramente da un tufillo en sus manos.
Las Lenguas Viperinas, suelen ser malpensadas pero no deshumanizadas, celebran cualquier ocasión en que los políticos entren en incongruencias y se evidencien en sus rastreras y falsas banderas filosóficas.
Eso le da sabor al día a día, aunque sea por accidente. Aunque sea por conveniencia. Aunque sea solamente durante una semana de polémica en redes sociales.
Al final, entre el calorón, las cartas abiertas, los comunicados indignados y las conferencias de prensa, parece que Chihuahua logró algo que parecía imposible: unir por unos días a panistas y morenistas alrededor de una misma idea.
Que el bebé de Andrea Chávez es un humano, que tiene dignidad, que debe protegerse y que tiene el derecho fundamental a vivir.
Hasta mañana






