Dentro de las enseñanzas de Sun Tzu y su Arte de la Guerra, hay conceptos que los avispados pudieran aplicar en estos momentos si quieren tener mayor posibilidad de que aspiraciones lleguen a buen puerto.
Dentro de la carrera para el 2027 hay conceptos de terreno y distancia que ya se deben adecuar a las nuevas condiciones que planteó el CEN.
Vámonos explicando. La dirigente estatal del PAN, Daniela Álvarez, asumió con disciplina institucional la ruta marcada por su dirigente nacional Jorge Romero. Las normas para las candidaturas federales rumbo a 2027 comenzarán a conocerse hasta septiembre, mientras que la caballada local —y así hay que decirlo— tendrá que esperar todavía más.
Esto patea la distancia, se alarga la espera que parecía corta. Por lo que dentro de ese instituto político los aspirantes a diputaciones locales, alcaldías, sindicaturas y regidurías conocerán su porvenir en este juego hasta noviembre.
Para unos representa una magnífica noticia, para otros, los adelantados no tanto. Los primeros apenas estaban construyendo territorio, formando estructura, fortaleciendo relaciones y tratando de posicionarse en el imaginario colectivo. El reloj les regaló varios meses para terminar la tarea. A los segundos, esperemos hayan guardado un segundo aire.
Para estos últimos el anuncio cayó como balde de agua fría. Ya sentían la candidatura al alcance de la mano y ahora la meta se alejó casi medio año. A los acelerados les conviene bajar varias revoluciones, porque según cuentan las Lenguas Viperinas, todavía vienen estrategias que podrían modificar por completo el tablero.
Basta observar el teatro político que se desarrolla en varios municipios. Hay personajes que hacen hasta lo imposible por levantar la mano, aunque el entusiasmo con el que ellos mismos se promueven dista mucho del que generan entre quienes realmente tomarán las decisiones.
Mientras aquí en Ciudad Juárez la expectativa gira alrededor de un ramillete de cinco figuras panistas. Sin embargo, hasta ahora ninguna termina de convencer plenamente a Palacio.
Porque nuestra frontera presenta una misión imposible en la competencia electoral, donde la marca de MORENA es la que manda, por más que los personajes quieran hacerse los importantes. Por lo menos hay un escenario de dos a uno y remontar esa diferencia exige bastante más que simpatía, talento o cercanía con la gobernadora.
Hace falta estructura política, operación territorial, respaldo de grupos con peso específico y también hace falta capacidad financiera para sostener una campaña competitiva desde el primer día hasta el último. Las campañas exitosas tienen aroma propio; las improvisadas también, y ese olor suele espantar tanto a aliados como a electores.
Hay quien ya puso sus ojos en el arbitro de AN, para Juárez, aunque venga de la estrepitosa derrota del 2024.
Regresando a la grande, la gubernatura, del lado de Morena prácticamente aparecen dos perfiles únicos con posibilidades reales.
Por un lado, Cruz Pérez Cuéllar, alcalde con licencia. tiene amplia experiencia en territorio y un dominio probado de la operación política local, aunque todavía con asignaturas pendientes para consolidarse plenamente en algunos círculos nacionales.
Del otro lado, Andrea Chávez, impulsada desde importantes grupos del centro del país. Juventud, dinamismo, presencia mediática, el momento personal de convertirse en madre y el respaldo de una contundente victoria electoral en 2024 forman parte de sus principales activos.
Por otro lado, en el PAN, hay quienes dicen que todo esta decidido y que Marco Bonilla, edil capitalino, no tiene competencia.
El chihuahuita puede presumir ya sus triunfos electorales y una estructura sólida en la capital. Sin embargo, como ocurre también con Cruz Pérez Cuéllar, cada salida constante de su municipio genera opiniones divididas.
Hay quienes consideran natural construir un proyecto estatal; otros piensan que el compromiso principal sigue estando con los ciudadanos que los eligieron para gobernar.
Y después en Acción Nacional aparece Gilberto Loya, con una carta de presentación distinta, pues jamás encabezó una candidatura, pero su prueba de fuego fue algo más compleja.
En el momento de mayor fortaleza electoral de la Cuarta Transformación asumió la responsabilidad política del Distrito 5 local en Ciudad Juárez. Muchos daban aquella batalla por perdida desde antes de comenzar.
Los resultados dejaron muestra de la complejidad de la contienda. Todos los demás distritos se perdieron en la alianza y la alcaldía fue una derrota de 3 a 1.
Para colmo la abanderada del PAN en el 5º Distrito fue Xóchitl Contreras, un perfil que prácticamente nadie colocaba entre los favoritos. Existían limitaciones de recursos, escaso posicionamiento y un panorama sumamente adverso.
Aun así, la operación política consiguió lo que parecía improbable. El Distrito 5 fue el único que el PAN logró conservar en Ciudad Juárez.
Además, la estructura alcanzó alrededor del 90% de representación en casillas, gracias al compromiso de uno de los grupos juveniles más sólidos de Juárez, que hicieron y hacen equipo con GL, cerrando espacios para cualquier intento de alterar los resultados.
Esa victoria explica por qué hoy varios operadores panistas colocan a Gilberto como una de las principales alternativas para la sucesión estatal. Su fortaleza radica donde están más débiles los demás, con amplias posibilidades de cerrar el boquete en nuestra frontera.
Hasta mañana.







