El tablero político en Chihuahua de cara a la sucesión gubernamental del 2027 ha comenzado a moverse con una velocidad e intensidad que pocos anticipaban, reconfigurando las fuerzas al interior de Acción Nacional. La más reciente encuesta de intención de voto publicada por la firma Massive Caller ha encendido las alarmas en los cuartos de guerra tradicionales al revelar que el secretario de Seguridad Pública del Estado, Gilberto Loya, ha alcanzado un sólido 30.5% de aprobación entre la ciudadanía chihuahuense.
Este avance no solo confirma que su opción toma fuerza real en el escenario estatal, sino que premia una constante que ha escaseado en otros perfiles: la entrega semanal de resultados tangibles y medibles en la materia que más le importa a la población.
La medición sitúa al alcalde de la capital, Marco Bonilla, en la primera posición con un 44.8% de las simpatías, una ventaja explicable por el peso natural de la estructura municipal. Sin embargo, en los círculos de análisis se destaca un contraste de fondo: mientras Gilberto Loya mantiene una política de alta exposición institucional rindiendo cuentas de frente sobre operativos y decomisos, la percepción es que Bonilla ha optado en la medida de lo posible por dosificar sus apariciones públicas de alto impacto y evitar la difusión de resultados de la misma escala estatal.
Lejos de debilitarlo, la coyuntura política y las constantes embestidas de la Federación hacia el Gobierno del Estado le han favorecido a Gilberto Loya de sobremanera. Las confrontaciones mediáticas orquestadas desde el centro del país solo lograron blindar y reforzar la narrativa de eficacia de la gobernadora Maru Campos y su gabinete.
En este esquema de resistencia institucional, el jefe de la Policía se ha convertido en una pieza clave para contener los ataques federales, respondiendo a la retórica política con detenciones de impacto y la consolidación de la Plataforma Centinela en las regiones más complejas. Incluso el propio secretario de Seguridad federal reconoció públicamente los resultados obtenidos por la corporación estatal.
La reestructura del equipo cercano de la gobernadora también ha acelerado el crecimiento de Loya. Tras la salida del ahora exfiscal general César Jáuregui, quien en su momento resonaba con fuerza en el ecosistema de aspirantes, el secretario de Seguridad asumió de forma natural una responsabilidad doble, consolidándose como el brazo operativo de mayor confianza y una de las cartas más competitivas para dar continuidad al proyecto estatal.
A diferencia de las apuestas meramente discursivas, a Gilberto Loya lo respaldan casi tres décadas de servicio público en las fuerzas del orden, una trayectoria donde la presentación de resultados y el rigor técnico han sido una constante.
La partida apenas comienza, pero las tendencias muestran que el posicionamiento de Gilberto Loya no parece responder a una coyuntura pasajera, sino a una estrategia de construcción política cimentada en resultados y presencia territorial. 🚔📊♟️🔥🏛️







