La evolución de esta cooperación también ha alcanzado el terreno tecnológico.
Uno de los casos más recientes es la implementación del curso Counter Unmanned Aircraft Systems (CUAS), enfocado en la detección, monitoreo, operación y neutralización de drones utilizados con fines ilícitos.
Este programa fue desarrollado en coordinación con autoridades de New Mexico y El Paso, Texas, como parte de una estrategia regional para fortalecer la vigilancia aérea y la protección de infraestructura estratégica.
La importancia de este tipo de capacitación responde a una realidad concreta: el crimen organizado ha diversificado de manera acelerada sus métodos operativos.
Actualmente, grupos delictivos utilizan drones para vigilancia de rutas, monitoreo de movimientos policiales, transporte de droga, reconocimiento territorial e incluso ataques dirigidos. La respuesta institucional exige tecnología equivalente y personal altamente capacitado para enfrentar estas amenazas.
En ese contexto, Chihuahua ha buscado consolidarse como una entidad con capacidad preventiva frente a los nuevos esquemas delictivos.
A ello se suma la revisión, por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos, de la posible creación de una Unidad Especial de Atención al Tráfico de Fentanilo, una iniciativa orientada a enfrentar de forma más efectiva la distribución de esta droga sintética, considerada una de las principales amenazas en la agenda bilateral México–Estados Unidos.
El fentanilo ha transformado profundamente la dinámica criminal en la frontera norte. Su alta rentabilidad, bajo costo de producción y letalidad extrema lo han convertido en una prioridad para ambos gobiernos, por lo que la cooperación operativa en este rubro se ha intensificado de manera importante.
No se pierda mañana la 6a parte de este reportaje:
Migración, rescates y seguridad humanitaria







