La estridencia que por muchos años se dispersa desde las altas esferas del poder poco a poco va escalando y en cuestión de semanas ya derivo en violencia política.
Las más recientes manifestaciones que se han presentado en la entidad, particularmente en Chihuahua con la llamada Marcha por la Soberanía, con una decidida acción del Estado panista para impedir que le mancillaran la plaza, fueron el punto de inflexión de una nueva tónica política que parece replicarse también en Ciudad Juárez.
Ahora, la tan ansiada polarización que el régimen promovió dejó de ser un fenómeno digital. Trascendió redes sociales, programas de opinión o eternas guerras de hashtags.
Ya se fue a las calles, a los aeropuertos, a las plazas públicas y a los espacios institucionales, donde cada grupo parece acudir para medir fuerzas y provocar al adversario. Sus lideres saben bien que existe el gran riesgo de que la pasión termine rebasando la razón.
Es imposible no evocar el penoso episodio protagonizado recientemente por Andy López Beltrán en el aeropuerto de Chihuahua, donde fue recibido entre mentadas de madre, insultos y hasta escupitajos.
Una escena lamentable desde cualquier ángulo en que se quiera ver, pero que al mismo tiempo retrata el ambiente que desde la política nacional se ha venido sembrando durante años: confrontación permanente, descalificación diaria y una narrativa donde el adversario dejó de ser rival para convertirse en enemigo.
En ese mismo momento poco se difundió pero afuera de la sala de recepción se vivieron momentos de tensión y agresiones entre manifestantes de ambos bandos, demostrando que el ambiente político en México comienza a parecerse peligrosamente a una olla de presión.
Luego, esta misma semana ya en esta frontera, afuera de Pueblito Mexicano grupos provida y profamilia se manifestaron simultáneamente a colectivos LGBT, que promueven el matrimonio igualitario.
Adentro, el recinto albergaba la sesión solemne con motivo de la Revolución.
La confrontación escaló fuerte y rápido. Se dieron diversos escarceos verbales que rápidamente subieron de tono. Hubo insultos mutuos, empujones y finalmente una escaramuza cuando manifestantes de izquierda intentaron ingresar al recinto ante la negativa de seguridad.
En medio del caos destacó, por su papel claramente de promotora y participante activa, la diputada Jael Argüello, quien terminó la jornada atrapada en la misma trifulca que ayudó a encender y, para colmo, gaseada con lacrimógeno. Una escena que resume perfectamente el nivel de tensión política y social que comienza a respirarse en Chihuahua y particularmente en la frontera.
Ya para terminar de encuadrar el tema, ayer en Ciudad Juárez, la cobertura de la comparecencia del fiscal Cesar Jauregui y —según se dijo en un principio— de la gobernadora en las instalaciones de la FGR, generó la congregación de manifestantes a favor, así como una enorme movilización de medios de comunicación.
Hay que señalar que algunos de ellos ya son abiertamente parciales a favor de la corriente morenista y enviados incluso desde Chihuahua capital específicamente para cubrir el evento con una narrativa previamente definida.
Tal fue la tensión que se vivió en el lugar que incluso los mismos representantes de los medios terminaron dándose de golpes.
Un camarógrafo, fuera de sí, se le fue encima a otro utilizando la cámara y el tripié por delante, como si aquello fuera una batalla campal y no una cobertura periodística.
Luego vinieron los reclamos entre grupos, los empujones y hasta el rechazo de los propios manifestantes hacia los llamados “lord moléculas chihuahuitas”.
En los tiempos de antaño, cuando estas Lenguas Viperinas iniciaron el camino de los medios de comunicación, los periodistas de izquierda eran respetados por su intelectualidad, por su preparación y por su forma decorosa —aunque firme— de hacer periodismo crítico.
Eran hombres y mujeres que incomodaban al poder desde los argumentos y no desde el grito. Los de ahora parecen salidos de una verdulería y suelen tener como única gracia no temerle al micrófono ni a exhibirse abiertamente como voces al servicio de la chuleta.
Y cuidado, porque cuando el periodismo deja de informar para convertirse en porra, terminan de ser un referente de opinión confiable e imparcial.
En fin… estas Lenguas Viperinas disfrutan del caos, de la grilla y de la confrontación política, porque al final de cuentas de ahí nace buena parte de la noticia y de la conversación pública. Pero tampoco es nuestro deseo que la sangre llegue al río. Porque tenemos un país de por medio. Y en ese país, si lo vemos como un barco, vamos todos arriba. Los chairos y los fifís.
Y si ese barco se hunde, nos hundimos todos.
Hasta mañana.







