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🐍LA COLUMNA/El futbol nos funde

Al margen de las estupideces que a veces ocurren entre multitudes eufóricas y etílicamente alteradas, que inevitablemente empañan un poco la alegría del tercer triunfo de la Selección Nacional en el Mundial de México, resulta gratificante observar cómo más de dos décadas de polarización política alentada desde las altas esferas del poder desaparecen cuando una causa nos une.

Que lo vea quien quiera verlo y retenga la esperanza.

Durante años nos han dividido entre fifís y chairos, ricos y pobres, conservadores y progresistas, empresarios y trabajadores, pueblo y élites.

Pero bastaron unos cuantos partidos de la selección para fundir nuevamente el ánimo de millones de mexicanos y recordarnos algo elemental: seguimos siendo hermanos, hijos de una misma tierra, fruto de una historia compartida y de una nación que posee talento, inteligencia e ímpetu suficientes para estar entre las mejores del mundo.

Ojalá ese sentimiento no se nos olvide cuando regresamos a la rutina y a los discursos que, desde distintas cúpulas, insisten en convencernos de que el adversario es nuestro enemigo. México necesita solidaridad, no dependencia; empatía, no complicidad; eficacia, no indolencia. Necesitamos gobiernos exitosos, sin importar el color de su partido, porque cuando una administración fracasa, los que pagan la factura son siempre los ciudadanos.

Quizá deberíamos ver la política como vemos al futbol. Ganen o pierdan los equipos, seguimos siendo aficionados del mismo deporte. De la misma manera, gane quien gane las elecciones, seguimos compartiendo calles, escuelas, empleos y sueños.

Aunque a veces lo disimulen, yo sé que a las lenguas viperinas quisieran que le vaya bien a la presidenta Claudia Sheinbaum. Que le vaya bien a la gobernadora Maru Campos. Que le vaya bien al alcalde suplente de ciudad Juárez Héctor Ortiz. Y que, de una vez por todas, encontremos el camino hacia una verdadera unidad nacional.

Pero bueno, después de esta pequeña catarsis sentimental, las lenguas viperinas vuelven a su estado natural y plantean una sola interrogante:

¿Cuándo pedirán licencia el alcalde Marco Bonilla y el secretario Gilberto Loya para competir, como Dios manda, por la candidatura del PAN al Gobierno del Estado?

Porque si algo parece cada vez más evidente en los corrillos azules, es que la sucesión de 2027 ya comenzó. Y aunque ambos insisten en que hoy están concentrados en sus responsabilidades, nadie ignora que los tiempos políticos suelen correr más rápido que los calendarios oficiales.

Y por mientras enfrente -ilusamente o no- ya pusieron a andar la maquinaria política, como si los tiempos de campaña de hubieran adelantado un año, sin que nadie les ponga un alto.

Giras de promoción todos los días, de Cruz y Andrea, como si en verdad creyeran que la encuesta definirá quien es el candidato a la gubernatura por MORENA. Algo así me recuerdan a los candidatos en la elección judicial y hasta ternura dan.

Hasta mañana.

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