Dicen las lenguas viperinas —esas que son mala vaina— que el director del Deporte del Municipio, Juan Carlos Escalante, atraviesa hoy por el momento más alto de su carrera.
Es funcionario de primer nivel del Ayuntamiento, entrenador de la Selección Mexicana de básquetbol varonil categoría U18 y con una estructura familiar bien posicionada en el mismo ecosistema —su esposa, Janeth Zavala Luna, como coordinadora regional 4 de la Asociación Deportiva Mexicana de Básquetbol—.
Pero como Damoclés y su famosa espada. El trono tiene su lado malo.
Escalante se encuentra en el escaparate del reconocimiento y también en la mira de quienes buscan cualquier fisura para golpear la imagen del alcalde Cruz Pérez Cuéllar, tanto dentro como fuera de Morena.
Y en ese juego, el deporte municipal —históricamente generoso en recursos y opaco en rendición de cuentas— suele ser terreno fértil para sospechas.
El murmullo corre, que va corriendo.
En los pasillos, en las gradas y hasta en los cafés políticos, se comenta que el ejercicio del recurso en el deporte municipal difícilmente resistiría una auditoría a fondo, es más ni siquiera una pequeña, pequeñita.
Que hay una distancia preocupante entre lo que se reporta como inversión y lo que realmente se ve reflejado en infraestructura y resultados.
Esa filosa espada que pende sobre una administración que ha tenido sus sobresaltos y señalamientos, que seguramente en las cuentas públicas urgiría un acuerdo político, pero que si no es tan grave sobrevivirá.
Son muchos los temas que alimentan la suspicacia.
Como esta gran píldora de 50 milloncitos de pesos que según entraron a mejorar el famoso gimnasio “Kiki” Romero.
¿Y donde esta ese billetazo se preguntan varios?
Luego lapidariamente acusan que ni la mitad costo la obra. No se sabe quien saltará primero a denunciar o si se esperarán al acido de las auditorias del Legislativo.
Voltean hacia los otros 40 millones en espacios como el gimnasio Josué Neri Santos, además de inversiones menores —pero no insignificantes— en el Bertha Chui, ejido San Isidro, el Lienzo Charro o el estadio Carta Blanca. Cifras que, en conjunto, pintan un ecosistema deportivo con flujo constante de dinero…
Y -dicen, así dicen- si a eso se le suma lo que ocurre fuera del presupuesto formal, el panorama se vuelve aún más turbio.
Porque en los eventos deportivos —Juárez Fest, torneos de voleibol y básquetbol, arrendamientos, venta de uniformes, sonido, balones, cerveza— se habla de un “moche” que podría alcanzar hasta el 30 por ciento. Cierto o no, eso andan diciendo.
Por otro lado, cuando hay marmaja, es difícil de ocultar.
Afirman que de ser un personaje discreto, Escalante por estos tiempos aparece rodeado de signos de bonanza excesiva: un hijo estudiando en Florida, una hija en El Paso, vehículos de alta gama como el Mercedes que conduce su esposa, y escapadas familiares a los racers que no precisamente son de bajo costo.
Y una casota, que hace palidecer la del mismo alcalde.
Nada de eso es ilegal por sí mismo, desde luego. Pero en el contexto actual donde la efervescencia por el 2027 esta adelantada, muchas cosas tienden a ser motivo de críticas.
Ya para finalizar con estas lenguas viperinas, hay el run run, que Escalante por ahora tiene seguro su trabajo, pase lo que pase, pero que no vaya a ocurrir algo grave que lo convierta de forma inmediata en una caja china.
Hasta el lunes







