Quién sabe a qué santo le rezó el jefe de la Policía Estatal, Gilberto Loya, para que los astros se le alinearan y la inauguración de la Torre Centinela se verificara sin mayores contratiempos.
Salvo un chaparrón que se desató justo en el momento en que los invitados y autoridades estaban bajo resguardo ya en el recorrido del inmueble, lo demás transcurrió sin contratiempos y tersamente.
Si, eran varios los factores llevaron a los organizadores a llevar sus miradas al cielo y pedirle chance al Altísimo.
Detractores generando críticas, incidentes menores pero muy visibles por lo mismo, retrasos y una que otra apuesta de por medio, pudieran ser parte de una preocupación no menor, pues queda claro que ese proyecto es el insignia de la administración de la gobernadora Maru Campos.
Es el más importante por el que esta gestión será recordada por la historia.
Vamos a enumerar las tres cosas por las que Gilberto debe sentirse consentido del Señor. El primer factor fue, sin duda, el clima. Durante prácticamente toda la ceremonia, que se verificó al aire libre, el cielo se portó sereno, permitió la llegada de los invitados, los discursos, el recorrido por las instalaciones, la activación tecnológica de los pisos, la pirotecnia y hasta el sobrevuelo de helicópteros.
Bueno, uno de ellos hasta se dio el lujo de interrumpir con sus sirenas el discurso de la gobernadora, pero esa ya es otra historia.
Y qué generosa estuvo Maru Campos con Loya. Los halagos, reconocimientos y felicitaciones para el ingeniero y su equipo fueron abundantes. La gobernadora aprovechó el momento para dejar claro que detrás de la Torre Centinela hay una apuesta tecnológica y de seguridad de grandes dimensiones.
Pero apenas terminó la ceremonia, llegó el tormentón. Chubasco, viento fuerte y toda la parafernalia: sillas por el suelo, lonas de las carpas arrancadas y meseros completamente empapados. Los invitados especiales, eso sí, estaban bajo buen resguardo.
Es decir la organización y logística apenas la libraron por escasos minutos.
El segundo factor es lo que pudieran esperar de un municipio morenista, con fuerte estructura política que tienen Cruz Pérez Cuellar y Juan Carlos Loera. Varios esperaban quizá una acción contra el proyecto, pero la realidad fue discreta.
Tres personas antisionistas con una cartulina expresaron su rechazo. Se respeta la intención de quienes decidieron manifestarse, pero la convocatoria resultó mínima. Esa fue, prácticamente, toda la oposición visible durante la inauguración.
Y el tercer factor fue que los detractores de la Plataforma Centinela decidieron ausentarse. El alcalde Héctor Ortiz Orpinel, el coordinador de la bancada guinda Cuauhtémoc Estrada, Rossana Díaz y otros críticos recurrentes del proyecto no llegaron a convertir la inauguración en una arena política. Le dejaron la cancha libre al capitán Centinela.
Y así, entre discursos, recorridos y explicaciones de la tecnología, terminó la jornada. Una plataforma que, hasta el momento, representa una inversión multimillonaria, con una red muy grande de cámaras, arcos, subcentros y tecnología de punta, además de inteligencia artificial para avanzar de un esquema preventivo hacia uno predictivo.
Maru, por cierto, dejó otro compromiso sobre la mesa: esta administración terminará con el subcentro Centinela de Guadalupe y Calvo instalado. Un punto particularmente relevante por las condiciones de seguridad de aquella región y la distancia que la separa de los principales centros urbanos.
Hasta mañana.







