Cuentan las lenguas de doble filo que lo que se vivirá este 25 de abril en Ciudad Juárez, con la instalación de los Consejos Municipales de MORENA, no es más que el banderazo de salida de lo que pudiera convertirse en una lucha sin cuartel por las candidaturas.
Este domingo, por lo pronto, hay Consejo Estatal, y ya corre el runrún de una ausencia que se notará. Dicen que el berrinchazo viene de quienes no quieren imparcialidad en las decisiones municipales.
Se sabe que hay corrientes nuevas dentro de MORENA, que empujan fuerte para que no pesen las fichas gordas nacionales ni, mucho menos, quienes -dicen que- le hablan al oído a la presidenta Sheinbaum.
Si todo sale bien (que ojalá así sea por el bien de la democracia), existe la posibilidad —aunque sea leve— de una “contienda fraterna” o incluso de un gran acuerdo que le dé a la estafeta morenista su carta más fuerte: la unidad.
Pero otros no son tan optimistas. Creen que, bajo el pretexto de defender la transformación, lo que realmente se instalará es una especie de aduana política por la que deberán pasar, particularmente en ciudad Juárez, todos los que aspiren a ocupar puestos de elección popular.
Por lo pronto, las lenguas viperinas ya soltaron el veneno: en el radiopasillo guinda suenan cuatro nombres con fuerza, cada uno tratando de acomodar sus piezas y venderse donde se toman las decisiones (En las encuestas, ajá).
El primero en la lista es Juan Carlos Loera. Busca esa candidatura con entusiasmo, aun con el estigma de haber caído en la grande del estado.
Como acérrimo rival del actual alcalde, su discurso gira en torno a la “pureza”, que él nació en MORENA y que ahora sí se harán bien las cosas. El problema es que en política el “quemado” suele oler a chamusquina desde lejos, y no está claro si su capital le alcance para quitarse ese hedorcillo.
Luego aparece la Delegada del Bienestar, Mayra Chávez, que camina por la cuerda floja con una maestría envidiable.
A leguas se le nota su condición de “amiguís” de Cruz, quien ya tiene la mirada puesta en la gubernatura. La jugada para ellos es tipo ajedrez: ella representaría la continuidad del proyecto cruzista en la frontera, además de cuidarle el patio trasero mientras se busca conquistar el Palacio de Gobierno en Chihuahua.
En la esquina de la nostalgia política aparece Daniel, el hermano del finado Héctor Murguía. El apellido pesa, y en Juárez todavía hay quienes suspiran por aquella época del “fenómeno Teto”. Hay quien no le compra un carisma familiar que arrastraba masas.
Y finalmente, hay quienes —dicen— intentan meter con calzador a la senadora con licencia Andrea Chávez por la alcaldía fronteriza, en una jugada que también le abre camino a Cruz Pérez Cuéllar (Ah pillín).
La describen como una joven con mucha mecha, a la que, según los altos mandos, le vendría bien “entrenarse” en la administración pública.
Ella, por supuesto, apunta alto y sueña con la gubernatura. Presume sus números a los cuatro vientos y sostiene que arrasó en el estado, aunque no falta quien le recuerde que fue la marca MORENA —más que cualquier figura individual— la que impulsó los resultados tanto en Juárez como a nivel estatal.
Y claro, si el viento no sopla a su favor, Juárez tampoco es mal “plan B”. Es la apuesta del relevo generacional, aunque más de uno se pregunta si la ciudad más poblada del estado está para ser la escuelita de alguien.
Así que ya lo saben: el 25 de abril se instalan los consejos, pero lo que realmente estará en juego es qué grupo tiene más músculo para controlar a la tropa.
Hasta mañana







