Altos funcionarios estamos obligados a ser transparentes: Videgaray

Es el mes 43 de la administración de Enrique Peña Nieto. El secretario de Hacienda hace un balance, donde llama la atención su perspectiva de lo social: “En México estamos viviendo una transformación muy positiva y son los ciudadanos los que están al frente de ésta. Ellos están diciendo con mucha vehemencia que cualquier práctica de corrupción es inaceptable”. Luis Videgaray traza un paralelismo con lo que se vivió en los 90: “Esto se parece a la inconformidad ciudadana que había con el sistema electoral que dio lugar a instituciones que hoy tienen gran credibilidad”.

En el aire está la discusión en torno a la llamada Ley 3 de 3. Luis Videgaray explica su posición: “Los altos funcionarios de gobierno deben regirse por un principio de publicidad. Yo hice públicas mis declaraciones patrimonial y de intereses (…) Coincido con el presidente de la República en lo relativo a que no se podía obligar a hacer público su patrimonio a cualquiera que tuviera relaciones con el gobierno o que recibiera recursos públicos. Eso hubiera violado la Constitución, además de ser terriblemente impráctico. Estamos hablando de decenas de millones de personas”.

—Algunos de nosotros pensamos que la discusión del Sistema Nacional Anticorrupción fue una especie de segundo round del gobierno con el sector empresarial, luego del que hubo por la reforma fiscal… ¿Cómo son las relaciones con la IP, cómo han sido en este sexenio?

No siempre hemos tenido coincidencias con el sector empresarial. Las diferencias que se dieron en torno a la reforma hacendaria son públicas y conocidas, pero esto no impide que la relación ahora no sea francamente positiva. Me atrevo a calificarla como muy buena y constructiva. Yo como secretario de Hacienda tengo una comunicación cercana y frecuente con los distintos liderazgos del sector.

—Vivimos tiempos de inconformidad, de mal humor social. ¿Qué le dicen los movimientos de protesta que se dan en todo el mundo, incluyendo México?

Hay que reconocer que hay una frustración que tiene un origen real y es un sentimiento legítimo. Lo observamos en España, en Grecia, en el Reino Unido. Lo estamos viendo con mucha claridad en el proceso electoral de Estados Unidos. Hay grupos de población amplios que han tenido un desempeño económico inferior a lo que se esperaba y por lo tanto hay enojo y molestia. Una parte de esto tiene que ver con el crecimiento económico, que después de la gran crisis del 2008-2009 ha sido decepcionante.

—El mundo está en shock con el Brexit. Nos lleva a preguntarnos muchas cosas respecto de la relación entre democracia y economía. ¿Cuál es su interpretación?

Estamos observando, entre otras cosas, algo muy profundo. En algunas sociedades desarrolladas hay un fuerte reclamo de unos segmentos de la sociedad para darle un mayor énfasis a lo local versus lo global: es lo regional versus lo cosmopolita. Esto plantea un gran reto para la política pública. Se trata de darle mayor énfasis a lo local, a lo regional, pero hacerlo de manera constructiva, sin caer en demagogias o populismo. Éste será uno de los grandes desafíos de la política pública global.

También vemos en la política cómo hay un gran cuestionamiento por ejemplo a las medidas que se tomaron para mantener el funcionamiento del sistema financiero. Se interpretan muchas de las acciones como si hubieran sido diseñadas para rescatar instituciones financieras y no a la economía en su conjunto. Esto se nota en la presencia creciente de movimientos, candidaturas, corrientes de opinión, de corte nacionalista, demagógico-populista.

—En sus primeras intervenciones como secretario de Hacienda, usted fue muy crítico con lo logrado en los sexenios anteriores en materia de crecimiento, decía que hemos tenido un crecimiento mediocre… A estas alturas seguimos con tasas de crecimiento bajas, ¿cómo explicar esto a la gente?

Primero que nada, yo diría que hemos sentado las bases para un crecimiento sostenido, más vigoroso de lo que hemos tenido en las últimas tres décadas. Y eso es algo notable. La agenda en reformas es real. Está produciendo cambios muy importantes que, sin duda, van a sentar las bases para un crecimiento más acelerado. En la coyuntura actual, en un mundo que no está creciendo donde estamos enfrentando dificultades como la caída del precio del petróleo, el incremento en las tasas de interés de Estados Unidos. Es notable que México esté creciendo como lo hicimos el año pasado de 2.5% y que este año siga y lo esté haciendo además con estabilidad. Creo que es cierto que el contexto internacional no nos ayuda, pero creo que estamos más preparados que nunca y, sin duda alguna, los cambios fundamentales, profundos, que se han gestado en estos años de liderazgo del presidente Enrique Peña Nieto van a permitir a la economía mexicana crecer con mucho mayor vigor.

Hoy tenemos que poner énfasis en dos cosas: primero, seguir implementando las reformas con tenacidad y disciplina y segundo, igualmente importante, preservar la estabilidad financiera del país en un contexto global sumamente complejo. Ésa es hoy la mejor forma de contribuir al crecimiento acelerado de México en los años por venir, es cuidar nuestra estabilidad. Sin duda México va a crecer de manera más acelerada en el promedio de los próximos años de lo que ha crecido en los últimos 30 años porque se han hecho cambios fundamentales. Se han liberado cuellos de botella, frenos que teníamos en México y que hoy ya no tenemos.

Pemex sigue siendo motor en nuestra economía

—Corríjame si me equivoco: en el diseño del sexenio, ustedes pensaban en Pemex como un motor para la economía y se ha convertido en una especie de rompecabezas a armar.

Pemex sigue siendo el motor y seguirá siendo el motor importantísimo en nuestra economía, siempre y cuando aproveche las oportunidades que tiene frente de sí. Y eso es lo que está haciendo. En Pemex se están tomando medidas muy importantes, insisto, a partir del marco normativo que le permite la reforma energética.

Pemex es un patrimonio esencial de todos los mexicanos y representa también un componente significativo de las finanzas públicas mexicanas. Hoy tiene que hacer lo que todas las empresas petroleras del mundo: volverse más eficiente; reducir sus costos; priorizar bien sus proyectos y hacer cosas que hace apenas dos o tres años habrían sido inimaginables, como asociarse con el sector privado. Con las empresas internacionales que puedan aportar la tecnología, el capital y la experiencia para aprovechar mejor en favor del pueblo de México.

—Usted forma parte destacada del equipo que impulsó las reformas estructurales. Es claro que se enfrenta con una paradoja: éstas darán resultado en el mediano y largo plazo, por eso necesita apelar a la paciencia de una sociedad que no ve los beneficios ahora, y en un momento en que la paciencia es un bien escaso, porque vive en ciclos más cortos.

Entiendo que se están transformando los horizontes de tiempo convencionales, desde la velocidad en la que operan los mercados. Operan las 24 horas en tiempo real, lo vimos la noche del jueves 23 de junio, cuando en todo el mundo vimos en vivo el conteo del voto en el Reino Unido. Los mercados de Asia empezaron a reaccionar de manera inmediata y horas después los de América. En otra época habría sido diferente. Podíamos esperar a ver cómo amanecían los mercados al día siguiente. Hoy ya no nos podemos dar ese lujo de esperar. Hay que tomar acciones de inmediato. Nosotros anunciamos un conjunto de medidas apenas una horas después de conocer los hechos. Tenemos que actuar en un mundo en que las cosas suceden mucho más rápido, en lo financiero, lo mediático, lo político. Sin embargo, lo que no podemos perder es la serenidad en la toma de decisiones.

—¿Qué quiere decir actuar con serenidad, para el secretario de Hacienda?

Es la cualidad más importante en estos momentos de convulsión global para quienes están en los mercados financieros, para quienes están en la banca, en la política o en la política pública. Quiere decir no tomar decisiones basadas en una reacción visceral, en una improvisación o en una ocurrencia, sino a partir de diagnósticos completos y de estrategias que vean no sólo a lo inmediato, sino a mediano y largo plazo.

En Hacienda no hay lugar para la improvisación

Luis Videgaray Caso despacha en una oficina en Palacio Nacional que fue construida para Yves Limantour, el jefe de los científicos de Porfirio Díaz. “Cuando vine a trabajar por primera vez, a los 24 años, me intimidaba todo: la decoración, la historia del lugar… Ahora lo más fuerte es la sensación de la responsabilidad individual. El trabajo se hace en equipo, tengo un gran equipo, pero entiendo que la responsabilidad que hay frente al presidente, frente al país, es una responsabilidad individual”, expresó.

—¿A qué se parece ser secretario de Hacienda?

A nada de lo que hubiera hecho antes.

—¿Qué tan político tiene que ser un secretario de Hacienda?

La política pública en una democracia se hace a través de la política y, por lo tanto, quien diseña política pública no puede ser ajeno a la política en democracia. Y es así como yo entiendo la actividad política del secretario de Hacienda.

—¿Con qué momento de la historia compara lo que le ha tocado vivir como secretario?

No hay un momento donde se conjuguen todos los elementos que estamos viviendo ahora… Tal vez con lo vivido en 1981 o 1982. Hay por lo menos dos de estos factores al mismo tiempo: la caída bruta del precio del petróleo y el alza de las tasas de interés de la Reserva Federal que lleva a Estados Unidos a una recesión. Lo internacional es parecido, pero la situación en la economía y las finanzas públicas de México es muy diferente y para bien. Estamos muy ordenados y mejor preparados.

—Nuevos grandes retos obligan a intentar cosas nuevas. ¿Qué tan heterodoxo es usted?

Yo creo que la etiqueta no es útil para quien toma decisiones. Estar pensando si una política es ortodoxa o heterodoxa es una dicotomía poco aplicable. Para lo que no hay espacio es para la improvisación ni para decisiones que no tienen un método tras de sí. Parte del método tiene que ser la evidencia que valide las decisiones. se debe analizar cuáles son los comparativos internacionales, los comparativos históricos.

—¿Qué ideas del pensamiento económico contemporáneo le interesan más?

Quienes estamos en el mundo de la política pública estamos obligados a estar en contacto con el mundo de las ideas, pero no somos académicos, no podemos pretender hacer investigación desde la política pública. Lo que está ocurriendo en el campo de la economía conductual me interesa mucho porque nos lleva a repensar cómo la gente toma decisiones. Algo que estamos trabajando con la Consar es ver cómo algunos de los aprendizajes de la economía conductual pueden llevar a los trabajadores a tomar mejores decisiones para el ahorro para el retiro.

—¿Qué libro está leyendo?

Es una autobiografía de Margaret Thatcher y uno de economía conductual.

—¿Es usted un tecnócrata que se muere de ganas de hacer política o un político que ve en la tecnocracia el mejor vehículo?

Eso te lo dejo a ti para que contestes.

Fuente: El Economista