COLUMNA: Ni chillido de ratón 🐭, ni rugido de león 🦁

Lo sucedido este fin de semana, específicamente el sábado en tierras capitalinas, está lejos de ser el punto de inflexión de la política estatal y nacional rumbo a las elecciones de 2027.

Y vaya que se esperaba eso. Que la sangre llegara al río, pero en realidad todo se redujo a una que otra escaramuza, como las que se vivieron en el aeropuerto internacional chihuahuita entre un tumulto seguramente convocado por algún líder charro a sueldo de los azules.

Por cierto, qué mal quedó ahí el hijazo de la vidaza del líder moral de la 4T, al que no le gusta que le digan Andy, pues en el ataque de ansiedad y pánico que le provocó el pueblo sabio, le cerró las puertas en las narices de la camioneta en la que se transportarían a la marcha soberana a la mismísima dirigente nacional, Ariadna Montiel.

La viperina dice que lo más duro para Andy fue descubrir que fuera de Palacio Nacional y de su burbuja aterciopelada, la realidad es que al pueblo le resulta, cuando menos, indiferente y hasta odioso. Y menos en Chihuahua, donde el carácter bronco suele convertir las giras triunfales en aterrizajes forzosos.

Y tampoco se trata de minimizar los hechos. Aun cuando las caras largas de los asistentes a esta conglomeración daban a entender que esperaban algo mucho más grande, lo cierto es que juntar entre 9 y 11 mil pelaos fue un logro en la capirucha.

Sobre todo porque los representantes de la derecha no los dejaron acomodarse del todo y se organizaron bloqueos que, según decían, eran ciudadanos, aunque por ahí en uno de ellos se dejó ver, bien mandón, el tal Mario Mata.

O sea que ni estuvo tan furris, pero tampoco fue aquel eventazo.

Por cierto, en el marco del calor político no faltaron los escarceos entre los manifestantes, como pasó en la Glorieta de Pancho Villa, donde un anciano le dio de banderazos (sí, banderazos) a un cristiano que tuvo la ocurrencia de manifestarse ahí con una pancarta que decía: “Fuera el narcogobierno”, o algo así.

Luego, poco más adelante, por ahí por Universidad y Escudero, cerca de las oficinas de la sede chihuahuita de El Diario, un mozalbete ataviado con una playera de las Chivas de Guadalajara se agarró a patadas con un señor que no dejaba de decirle que era de la tercera edad.

Todavía el gañán dijo orgulloso —como si no fuera deshonroso pegarle a un viejito— que así de rajados eran los panistas en Chihuahua.

Luego los panistas se pusieron a decir —en sus redes, por cierto— que Chihuahua no se entregaba y que los de enfrente tenían poca memoria al olvidar que éramos la cuna de la Revolución y que, además, tuvieran presente que en el 86 la derecha incendió el estado, en el llamado Verano Caliente.

Todos muy bien bañaditos y peinaditos, porque a las calles eso sí no salieron. Para eso está la tropa.

Por cierto, mientras Morena exige soberanía nacional y denuncia influencias externas, buena parte de sus cuadros mediáticos y operadores políticos más visibles vienen precisamente del extranjero.

Ahí aparece el español Abraham Mendieta, convertido desde hace años en una especie de soldado digital del obradorismo, opinando diario sobre la política mexicana como si hubiera nacido en Parral o en Ecatepec.

Y no es el único.

La víbora recuerda que Morena se la ha pasado denunciando “injerencias”, pero al mismo tiempo pasea asesores, propagandistas y operadores extranjeros cuando conviene políticamente. Entonces la pregunta incómoda queda flotando en el aire, como equipaje extraviado:

Claro, del otro lado responderán que no es lo mismo un consultor que un gobierno extranjero. Y jurídicamente tienen argumento. Pero políticamente el golpe sí pega. Sobre todo cuando construyes todo un movimiento alrededor del nacionalismo popular y luego terminas rodeado de españoles, argentinos y estrategas importados diciéndoles a los mexicanos cómo deben pensar.

Hasta mañana.

En otras noticias:

error: Content is protected !!