Este fin de semana se formalizaron, en diferentes actos protocolarios, las aspiraciones de los figurines que el año entrante buscarán la gubernatura de Chihuahua.
Morena reunió en la Ciudad de México a sus 17 coordinadores estatales, mientras que el PAN hizo lo propio en Ciudad Juárez, con Marco Bonilla al frente y el respaldo de la gobernadora Maru Campos y del dirigente nacional albiazul, Jorge Romero.
En el caso de Cruz Pérez Cuéllar, el asunto fue parte de una ceremonia nacional donde cada aspirante llevó a sus respectivas tropas para cumplir con el ritual de la unidad.
Ahí, Ariadna Montiel aprovechó para citar El pueblo, el libro de Andrés Manuel López Obrador, y dar luz verde a los morenistas para utilizar el discurso y la imagen del expresidente en las próximas campañas. Llamo la atención que la autorización es solo para los aspirantes de MORENA, para nadie más… ¿Y los aliados papá?
Del otro lado, Marco Bonilla tuvo su propio acto sobre la calle 16 de Septiembre, en pleno corazón de Ciudad Juárez, con una concurrencia que reunió entre 14 y 18 mil personas, según las estimaciones que circularon.
Lo interesante fue que Maru Campos decidió no tomar el micrófono. Le dejó la cancha abierta al alcalde capitalino, quien se extendió en su mensaje y hasta se aventuró con planteamientos que podrían interpretarse como propuestas. Todo esto en un escenario donde la autoridad electoral todavía tendrá mucho que decir sobre los tiempos y las formas. Los adversarios seguramente tomarán nota.
Y aquí empieza lo bueno. En Chihuahua capital, el PAN presume músculo; en Juárez, Morena conserva una fuerza electoral importante.
Dos plazas con caciques políticos que, por ahora, parecen tener la ventaja en sus respectivas canchas.
Pero una cosa es ganar territorio y otra muy distinta es conseguir que los números alcancen para quedarse con todo el estado. Las coordinaciones tienen como tarea ensanchar sus márgenes de ventaja, porque de eso dependerá buena parte de la batalla del 2027.
En los números que se manejan actualmente, Morena ronda el 42 por ciento de las preferencias y el PAN se acerca al 39. Si a este último se le sumara el poco más del ocho por ciento que representa el PRI, la aritmética parecería darle la razón a Alejandro Moreno cuando presume una ventaja de alrededor de cinco puntos para una eventual alianza PRIAN.
Ojalá fuera tan sencillo, aunque algunos insistan en hacerlo parecer así. Sumar siglas no significa sumar automáticamente votos.
En Chihuahua capital hay un ingrediente que puede complicar la ecuación: la posible fractura panista. Entre algunos grupos tradicionales, no terminan de aceptar las decisiones que vienen desde Palacio de Gobierno, la eventual candidatura de Santiago de la Peña.
Este podría convertirse en motivo de discordia. Si una parte del panismo decide hacer vacío, la maquinaria pierde fuerza y esos cinco puntos que presume el PRI podrían quedarse en el papel.
En Ciudad Juárez tampoco se cuecen habas precisamente. Andrea Chávez, recién nombrada coordinadora de Morena en la frontera, todavía tiene pendiente resolver el asunto de la unidad con el grupo de Cruz Pérez Cuéllar.
Basta observar la incomodidad que provoca el tema cuando salen a relucir los cuestionamientos para entender que la reconciliación no será cosa de tomarse una fotografía y levantar los brazos. Los que se dicen puros y fundadores frente a los advenedizos que hoy presumen la victoria de las encuestas: una vieja disputa que amenaza con convertirse en un dolor de cabeza para el partido.
Hasta mañana.







