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Quisiera decir que mienten

Mientras la señora Andrea Chávez parece haber puesto freno de mano, pues mantiene en pausa sus actividades públicas y mediáticas, pese a que ya fue ungida a rajatabla para encabezar la batalla de Morena en Ciudad Juárez en el 27, el senador Juan Carlos Loera y sus huestes andan ocupados en tratar de descarrilar a sus propios compañeros, porque consideran que hubo chanchullo en la encuesta que avalo el CEN de su propio partido.

Ósea nótese el tamaño de la incongruencia: Un dedazo en Juárez está bien pero como la encuesta no favorece al grupo, entonces el proceso debe desacreditarse.

Lo que llama la atención es que por primera vez en la historia el movimiento guinda tiene una oportunidad de tomar el Estado, pero una de sus tribus parece empeñada en convertir la contienda interna en una carnicería, donde no quede mono con cabeza.

Todo indica a que la Chávez sigue emberrinchada y va a hacer el mínimo esfuerzo por mantener un margen suficiente, porque como dicen aquellos “Juárez se gana solo”.

Les esta pasando de noche que la aldea pitufa atraviesa una crisis institucional, política y social por la detención del exfiscal César Jáuregui Moreno, quien era una pieza en juego por la alcaldía capitalina.

Ese es un episodio que abre una grieta delicada en el panismo justo cuando Marco Bonilla comienza a preparar la maquinaria para refrendar la gubernatura. El tablero azul tiene sus propias turbulencias, pero también una oportunidad para reorganizarse, cerrar filas y vender la idea de continuidad.

¿Y qué hace Morena mientras tanto? En lugar de aprovechar el momento, fortalecer sus líneas discursivas, tender puentes y construir coaliciones capaces de competir de verdad, sus integrantes se dedican a medir fuerzas entre ellos.

Cruz Pérez, a quien por un tiempo tundían los azules, ahora recibe una lluvia de vituperios de sus propios compañeros de partido, que porque es un duartista camaleón vestido con piel de morenista.

Por lo que toca al secre Santiago De la Peña, sigue siendo el ungido de Palacio, parece caminar pero también es víctima de fuego amigo. El entusiasmo alrededor de su posible candidatura todavía necesita cuajar entre los grupos políticos y traducirse en respaldo ciudadano. La bendición de las alturas ayuda, pero suficiente no es.

La diputada federal Manque Granados es otro factor que apenas si incide en las corrientes internas, pero lo malo de ella es que fue la única por la que César Járegui se bajaría de la contienda y eso, lejos de favorecerle, le juega en contra.

Al tiempo, como decían los antiguos maestros de la pluma. No tarda en este Chihuahua electoral el saltar de los chapulines. Se quitarán la máscara azul y aparecerán vestidos de guinda, sobre todo en nuestra frontera.

El pragmatismo terminó por comerse buena parte de las ideologías. Los partidos se presentan como proyectos distintos, pero sus integrantes saltan de una camiseta a otra según las circunstancias, las alianzas y las posibilidades de alcanzar una candidatura. La congruencia queda para el discurso, mientras las negociaciones ocurren en privado.

Eso es una cosa, pero la discusión reciente sobre el compadrazgo entre Luis Villegas, defensor de César Jáuregui, y Cruz Pérez, es pura jiribilla. El vínculo viene de tiempo atrás y, por sí mismo, no demuestra ninguna operación política.

Ahí está también Javier Corral y su relación de compadrazgo con Cruz Pérez Cuéllar, que por azares del destino terminaron en el mismo partido, pero sus diferencias son irreconciliables, es más llegan al plano de la beligerancia.

Y entonces llega la pregunta que debería quitarles el sueño a las dirigencias: ¿por quién va a votar la ciudadanía cuando los propios grupos internos parecen incapaces de soportarse entre sí? Se acusan de corruptos, huevones, traidores, ladrones, idiotas y hasta degenerados ¿Cómo luego van a salir al electorado a pedir el voto?

¡Pobre Chihuahua! Quisieramos decir que mienten, pero aparentemente todos dicen la verdad.

Hasta mañana.

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